30 de junio: día del asteroide

Los asteroides son un riesgo del que debemos estar conscientes. (Foto: Cortesía Edgar Castro Bathen)

Los asteroides son un riesgo del que debemos estar conscientes. (Foto: Cortesía Edgar Castro Bathen)

El 30 de junio se conmemora el Día del Asteroide en forma internacional. Esto podría parecer ilógico a primera vista. ¿Por qué celebrarle el día a una roca, sobre todo cuando esta roca podría aniquilarnos? La respuesta es precisamente por eso: para crear conciencia del peligro que corremos. La humanidad está sujeta al riesgo que representa la caída de un asteroide de enormes proporciones. Si no, que lo digan los nativos de Tunguska, en Siberia.  

Tunguska se encuentra en las coordenadas  60° 55′ latitud norte y 101° 57′ longitud este. Es una región boscosa, fría y de difícil acceso, en el centro de Siberia, en Rusia. Toda esa zona se conoce como la taiga siberiana, palabra que viene del ruso тайгá que significa terreno inhabitado, boscoso y vasto. Los árboles que se dan allí son principalmente coníferas, es decir árboles altos, aunque delgados, como abetos, pinos y cipreses. Este es un dato importante por lo que relataré a continuación. 

En esta región de Siberia quedó la cicatriz de un asteroide. (Foto: Cortesía Edgar Castro Bathen)
En esta región de Siberia quedó la cicatriz de un asteroide. (Foto: Cortesía Edgar Castro Bathen)

El 30 de Junio de 1908, el sol se estaba levantando a eso de las siete de la mañana. Era martes, el frío se sentía intensamente a la orilla del río Tunguska, que es un tributario del Yenisei, y aunque es sólo un tributario, se extiende por más de 1,680 kilómetros. El silencio era perturbado por el canto de algunos piquituertos y otros pájaros, cuando de pronto se oyó un zumbido extraño. Una estela muy larga dividió en dos el cielo.

Silencio total. Los pájaros dejaron de cantar. Un minuto y segundos después ocurrió una ensordecedora explosión. La tierra se movió como gelatina y lo siguiente fue que ¡ya no había árboles! ¡Desaparecieron! Todos quedaron tirados sobre la tierra, como si una mano gigante los hubiera aplastado, hundido y quemado.

Así quedaron los árboles en Tunguska tras la caída del asteroide. (Foto: Cortesía Edgar Castro Bathen)
Así quedaron los árboles en Tunguska tras la caída del asteroide. (Foto: Cortesía Edgar Castro Bathen)

En dos mil kilómetros alrededor hubo testimonios de personas que vivieron el suceso. Un agricultor de la zona de Kezhma dijo: "En aquel momento estaba arando mi tierra en Narodima. Cuando me senté a tomar mi desayuno al lado de mi arado, escuché explosiones repentinas, como si fueran armas de fuego. Mi caballo cayó sobre sus rodillas. Una llama se miraba en el norte, sobre el bosque. Pensé que el enemigo estaba disparando. Luego vi que el bosque de abeto había sido doblado por el viento y pensé en un huracán".

Otro testigo dijo: “La división en el cielo se hizo más grande y todo el lado norte se cubrió de fuego. En ese momento se hizo tan caliente que no pude soportarlo. Sentí como si mi camisa estuviera en llamas. Yo quería arrancarme la camisa y tirarla al suelo, pero entonces un ruido fuerte sonó y fui arrojado a unos metros.”

Durante mucho tiempo no se supo qué había estallado en Tunguska, pero ahora, gracias a otro evento que ocurrió el 15 de febrero de 2013, podemos sacar mejores conclusiones. En esa fecha, un asteroide del tipo carbonáceo, de 14 metros de diámetro, penetró en el espacio aéreo de Cheliabinsky, en los Urales rusos, con coordenadas 55° 09′ latitud norte y 61° 24′ longitud Este, y explotó en el aire.

Esta es la ubicación de Tunguska. (Mapa: Cortesía Edgar Castro Bathen)
Esta es la ubicación de Tunguska. (Mapa: Cortesía Edgar Castro Bathen)

Este fenómeno se asemejó al de Tunguska porque primero se vio una estela que partió el cielo en dos, justo como narraron los testigos del año 1908. Luego, la onda expansiva llegó al suelo y rompió los vidrios de decenas de edificios, casas y establecimientos en toda la ciudad. Hubo más de mil heridos por cortaduras de vidrios. En 1908, como el asteroide explotó sobre el bosque, fueron los árboles los que recibieron la onda expansiva y fueron aplastados por ella.

Una estela en el cielo marcó la caída del asteroide. (Foto: Cortesía Edgar Castro Bathen)
Una estela en el cielo marcó la caída del asteroide. (Foto: Cortesía Edgar Castro Bathen)
 

En ambos casos los dos asteroides se desintegraron en el aire y se fragmentaron. Lo que cayó a tierra fueron sólo pedazos pequeños. Si el asteroide hubiera estado constituido por níquel y hierro, otra historia sería.  Probablemente hubiera caído al suelo y causado la explosión equivalente de varias bombas atómicas. Los muertos hubieran sido miles. ¿Es lo que estamos esperando para reaccionar? ¿Sucederá con alguna ciudad en el futuro? 

No debe suceder. Eso es precisamente lo que se quiere evitar creando conciencia del peligro de los asteroides y de esa manera obtener más fondos para crear un proyecto de defensa planetaria. Y aunque suena como ciencia ficción, nunca ha sido más realista. 

Una de las amenazas que nos pueden hacer retroceder a la edad de piedra es un asteroidazo. Los políticos solo miran para abajo y no están conscientes de la amenaza potencial que tenemos. Les cuesta convencerse. Prefieren dar dinero para armamento. Por eso es importante hacer conciencia con acciones como el "día del asteroide".

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Las opiniones publicadas en Soy502 son responsabilidad de los autores de las columnas, no del portal de noticias.

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30 de junio de 2017, 05:06

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