Y ahora, ¿cómo detener esta locura?

El proceso de antejuicio en su contra ha precipitado una crisis sobre el presidente Morales. (Foto: Soy502/Wilder López)

El proceso de antejuicio en su contra ha precipitado una crisis sobre el presidente Morales. (Foto: Soy502/Wilder López)

Dos semanas después de que el presidente Jimmy Morales desatara una crisis que pocos veían venir, la situación de Guatemala está, de acuerdo con lo dicho hace unos días por la diputada Nineth Montenegro, como para que “alguien deje caer el fósforo”.

Los ánimos están, a todas luces, caldeados. La desinformación fluye sin control. Las descalificaciones de netcenteros anónimos son el pan de cada minuto en redes sociales. Comunicados van. Otros vienen. Surgen expertos en fallos jurídicos hasta debajo de las piedras. Que si la institucionalidad está en juego. Que si las inversiones se desploman. Que si viene “el coco”. 

Nadie dijo que luchar contra la impunidad iba a ser fácil. El proceso que vive Guatemala desde que empezaron a desatarse casos como “La Línea” o “Cooptación del Estado” es lo más parecido que hemos vivido a una revolución desde 1944. Sí. Este proceso intenta erradicar estructuras enraizadas desde hace décadas, cuyos métodos perversos tienen sumida a la mayoría en el hambre y la miseria. Era previsible que los coletazos de semejantes mastodontes abarcaran todo lo que pudieran, hasta llegar a la casa donde vive el que se auto proclamó “ni corrupto ni ladrón”.

Hace unos días, la psicóloga Carmen Lucía Cordón me explicaba que las sociedades se parecen mucho a las personas. A todos nos aterra el cambio. Y si éste es profundo, tanto mayor es el miedo.  No es lo mismo cambiarse de oficina que modificar un método de trabajo repetido e igual por años de años.

En un colectivo social operamos igual. Capturar a los sindicados por el agüita mágica del lago de Amatitlán era una cosa. Procesar a los amigos y a los conocidos de la élite económica por haber contribuido con la corrupción, una muy diferente. Atentar directamente contra los intereses de las mafias desata los demonios.  

El miedo paraliza. Obnubila. Produce reacciones tan disparatadas como creer que luchar contra la impunidad convertirá a Guatemala en la Venezuela de Maduro, porque “si se va Jimmy de plano nos ponen a una comunista de presidenta”.

O suponer que cualquiera que esté a favor de Iván Velásquez es un izquierdista rematado, a pesar de credenciales académicas que lo respalden como libertario de derechas.  Estamos en un río revuelto, pero las aguas deben volver al cauce. Los protagonistas de esta crisis deben dar un paso al frente. Y, mediante el diálogo, detener esta locura.

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07 de septiembre de 2017, 05:09

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