Amar en las calles de Guatemala

La ciudad tiene rincones preferidos para los enamorados. (Foto: Esteban Biba/Archivo Soy502)

La ciudad tiene rincones preferidos para los enamorados. (Foto: Esteban Biba/Archivo Soy502)

Un amigo artista argentino, Ezequiel Steinman, hizo hace varios años una audio guía erótica de Montevideo. Pidió voluntariamente a los vecinos de la ciudad que narraran los puntos donde habían tenido encuentros sexuales y a partir de ello armar una audioguía de la ciudad, encontrándote con esas esquinas y sus historias, en pleno espacio público.

Siempre hay un momento para verse en la ciudad. (Foto: Esteban Biba/Archivo Soy502)
Siempre hay un momento para verse en la ciudad. (Foto: Esteban Biba/Archivo Soy502)

Entendiendo que en Guatemala hablar de sexo así, digamos, con fines artísticos o estéticos, con fines sensibles, provocaría la ira de, por lo menos, un grupo de diputados que promueven leyes homofóbicas, mojigatas y a todas luces excluyentes, o que dedicar una columna a los rincones secretos de la ciudad, a las sombras, a las astucias de nuestros cuerpos en las calles sería provocar la rabia innecesaria de un buen número de ciudadanos que prefiere siempre apagar la luz.

Pues entonces vamos a hablar de amor. Que amarnos implique el fuego completo de nuestros cuerpos tampoco lo vamos a decir, no. Solamente hablaremos del amor en la ciudad.

La ciudad guarda secretos de muchas parejas. (Foto: Esteban Biba/Soy502)
La ciudad guarda secretos de muchas parejas. (Foto: Esteban Biba/Soy502)

Hablemos por ejemplo del más elemental de los estados amatorios del espacio: caminar tomados de la mano, manejar tomados de la mano, sentarse en el bus digamos uno de pie, otro sentado; una de pie, otra sentada; una de pie y otro sentado, pero conectados los corazones en los mínimos gestos.

Los pocos parques que nos quedan cuentan, afortunadamente, siempre con una pareja, con varias parejas, recostados en la grama, sentados en las bancas, ingenuos, sencillos, silvestres.

Los jóvenes se dan cita en los parques. (Foto: Esteban Biba/Archivo Soy502)
Los jóvenes se dan cita en los parques. (Foto: Esteban Biba/Archivo Soy502)

Amar y comer una granizada, una granizada de piña, con pepita, leche condensada y chile, sí, como se lee la mezcla, esa mezcla impensable es, camaradas, la fórmula mágica del amor, le llaman "Granizada mixta chapina".

Y de mezclarse se trata todo, claro que sí. Y cuando digo mezclar estoy siendo radical: amar es la colisión afortunada de dos mundos contra la corteza de un árbol, la cabina de un carro, la pared de la tortillería, el tubo mismo del transmetro.

Las parejas dejan su nombre grabado en los árboles. (Foto: Esteban Biba/Archivo Soy502)
Las parejas dejan su nombre grabado en los árboles. (Foto: Esteban Biba/Archivo Soy502)

Jamás olvidaré a un chico sentado en una 101 rumbo a la zona 1 terminando de escribir un mensaje de amor en una postal de muñequitos, se le notaba tan nervioso y la vibración del bus no ayudaba nada y apenas logró garabatear “te amo”, antes de meter de vuelta la postal en un sobre de papel manila.

Los pequeños gestos: escuchar los discos que te grabaron hasta que el carro se los devore, guardar en la guantera ese libro, besarse en cada semáforo en rojo y sí, sincronizar los rojos para poder seguir viviendo en estas calles sin que la realidad nos aplaste.

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*Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad de su autor, no de Soy502

09 de mayo de 2017, 05:05

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