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El año en que vivimos con los ojos puestos en tribunales

El ex presidente del Congreso, Pedro Muadi, en la audiencia donde se le ligó a proceso. (Foto: Jorge Cente/Soy502).

El ex presidente del Congreso, Pedro Muadi, en la audiencia donde se le ligó a proceso. (Foto: Jorge Cente/Soy502).

Cuesta seguirle la pista al Ministerio Público. Su cuenta de tuiter está repleta de noticias vinculadas con detenciones, capturas, arrestos, sindicaciones e imputados. El guatemalteco promedio ha tenido que aprender, a marchas forzadas y velocidad de rayo, que implican términos como cohecho pasivo, asociación ilíicita o peculado. Jamás los periodistas habíamos escrito tantas veces esas palabras. Y aunque en este país nadie puede hablar de una escasez de abogados, la cantidad de penalistas que han tenido que acudir a Torre de Tribunales en este último semestre rompe todos los récords. 

Ahí están las evidencias gráficas de salas repletas de acusados y defensores. Sentados en hasta dos o tres filas cuando el caso lo ameritaba. Muchas veces ahogados de calor, según quienes han tenido que cubrir algunas de las múltiples audiencias que se han seguido para los casos que vienen destapándose desde el 16 de abril.

En este país, donde anteriormente se calculaba que la impunidad rondaba el 98 por ciento (como lo afirmó Carlos Castresana cuando fue titular de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala en el ya lejanísimo 2007), aun cuesta creer que todos los días desfilen frente a nosotros supuestos estafadores, corruptos, lavadores, comisionistas o defraudadores. 

Si a mi, hace 8 años alguien me hubiese dicho que en 2015 tendríamos tras las rejas, en prisión preventiva, y al mismo tiempo, a quienes en su momento fueron mandatario y vicemandataria (y sus Secretarios Privados); a un ex presidente del Congreso; al aún titular del Banco de Guatemala; a un ex ministro; al que fuera presidente de la Junta Directiva del Instituto de Seguridad Social; a dos ex dirigentes de la Superintendencia de Administración Tributaria; a un par de jueces y a un buen número de abogados quizá le habría recomendado una terapia intensiva en el “rebonito” Federico Mora. Jamás, ni en los períodos de las más oscuras posguerras, un país había procesado judicialmente a tantos funcionarios de las tres ramas del Estado en forma casi simultánea. Nunca. Le tocó a Guatemala

Ahora bien, y como recuerda siempre el colega Quique Godoy #EstoApenasEmpieza. Capturar, sindicar y trasladar a prisión preventiva es una cosa. Condenar y recluir en definitiva es otra. Los tiempos procesales, así como los políticos, pocas veces se ajustan a las expectativas ciudadanas. Ver en primera plana, un día si y otro también, a personas “prominentes” en grilletes genera esperanza en una población que tiene décadas clamando justicia, pero esta no será ni tan pronta ni tan cumplida. Cada detención implica que se abra un expediente más. Y cada una de estas carpetas llega al escritorio de un operador que con toda seguridad tiene muchos más folios esperando su turno. 

Además “sindicado” no es sinónimo de “culpable”. El peso que tiene el Ministerio Público sobre sus hombros es, por tanto, de cientos de toneladas. Debe demostrar, con todas las de ley, que el rosario de procesados que ya tiene en prisión preventiva hicieron lo que ellos dicen que hicieron.  Todos queremos ver a los chupasangre en la cárcel. Ansiamos que el mensaje de que no pueden volver a burlarse de nosotros llegue tan claro, que le infunda pánico al próximo funcionario que pretenda hacerse rico a costa nuestra. No merecemos menos. De hecho, merecemos más. Merecemos que el índice de impunidad en este país sea del 0 por ciento. 

 

 

 

 

05 de noviembre de 2015, 08:11

*Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad de su autor, no de Soy502
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