Así fue la última entrevista con el Chef Humberto

Esa mañana transcurrió con normalidad. Después de una hora de tráfico por la calzada Roosevelt, llegué al parqueo del restaurante Kacao. Antes de entrar, vi mi reloj y marcaba las 8:50… justo a tiempo para la sesión fotográfica con el Chef Humberto Domínguez, la cual estaba programada para las 9 de la mañana.

Aprovechando el tiempo, comencé a buscar locaciones adecuadas para las fotografías. Resulta que Kacao cumpliría 18 años en julio, y justo dos días antes se había realizado una conferencia de prensa para anunciar las actividades de celebración. Por esa razón, mi compañera y yo haríamos una entrevista con el chef.

Lo primero que se ve al ingresar al restaurante es una fuente de piedra, la cual siempre estaba decorada con yerberas multicolores. Al chef siempre le gustaron las flores. 

Mientras hacía mi recorrido, recordaba las forma en que lo conocí. Al Chef Humberto ya lo había visto en la televisión, en su programa de cocina, pero comencé a hablarle en la universidad. Por cuestiones del destino, integramos el mismo grupo de estudio desde el primer día, y desde entonces hasta que salimos de la Universidad Galileo. 

El chef era una persona despistada pero muy amable. Siempre tenía una sonrisa para regalar, a pesar de sus innumerables reconocimientos como embajador de la gastronomía guatemalteca y de pasearse por las principales cocinas del mundo, su humildad era admirable.

Recuerdo que en algunas ocasiones le acompañamos a su natal Santa Rosa, donde cada fin de año realizaba una fiesta para los niños. Sin escatimar en gastos, su mayor alegría era preparar piñatas, pastel y hasta un show de fuegos pirotécnicos para los niños que no tenían la posibilidad de recibir un regalo para Navidad. 

De pronto mis pensamientos se vieron interrumpidos por su escandaloso saludos. “Hola Stan, que milagro que me vino a visitar”, dijo sin pena y luego me abrazo fuerte, como era su costumbre.

Para ese momento ya había llegado mi compañera de trabajo, quien grabadora en mano, comenzó a hacerle preguntas relacionadas con las festividades del aniversario del restaurante. “Les cuento que me fui a Alemania a presentar el shuco guatemalteco” dijo el chef con una enorme sonrisa. 

“¿Pero cómo? -dijo mi compañera- si Alemania es la capital de las salchichas”, y fue así como el chef comenzó a defender los sabores de la gastronomía chapina. Él siempre le gustaba hablar de los recados y su complejo proceso de preparación. “las mujeres chapinas son las mejores cocineras del mundo, porque tienen la ventaja de tener un país rico en condimentos que Dios nos regalo para alimentarnos”, decía siempre el chef.

Después de una amena plática, hice las fotos en un par de locaciones del restaurante. Con la rapidez que exige la rutina, nos despedimos del Chef Humberto Dominguez. 

“Es una lástima que no se queden a comer… pero espero que regresen otro día, eso si, con más tiempo para platicar” nos dijo.

Entre sonrisas y carreras, la despedida fue corta. Lejos estaba de saber que esa sería la última despedida que tendría con Humberto, mi amigo, y por mucho, la persona más noble y sincera que conozco en Guatemala. 

Pero quiero recordarlo así, alegre, despreocupado y optimista. Coqueto con la cámara y siempre dispuesto a hacer nuevos amigos. Se nos adelantó un gran amigo, pero al menos ahora el cielo tendrá un gran cocinero. ¡Saludos Chefcito!

08 de abril de 2014, 17:04

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