Aún con ojos de turista

Cada bello paisaje de Guatemala está ligado con historias de sacrificios y pobreza. (Foto: Techo)

Cada bello paisaje de Guatemala está ligado con historias de sacrificios y pobreza. (Foto: Techo)

Aún con ojos de turista puedo apreciar los hermosos paisajes y atardeceres que Guatemala regala día a día desde cualquier parte del país. Tengo la oportunidad de estar viviendo en esta tierra desde hace casi cinco meses, conociendo personas que han cambiado mi vida radicalmente y haciéndome parte de su propia realidad.

En diciembre participé del campamento largo de TECHO donde construí, junto a otros voluntarios y familias, dos viviendas de emergencia en la comunidad Tierra Colorada, en Pueblo Nuevo Viñas, Santa Rosa.

Milpa, frijol, café: esos paisajes de tan diversos colores que más tarde se convertirán en sabores típicos y deliciosos, están hechos por manos trabajadoras que pasan semanas sin poder acariciar a los suyos porque no queda otra opción que tomar bien fuerte ese machete y llevar el costal de lo recogido para poder ganar el sustento de cada día.
Nadia Fusco
, directora de comunicación, TECHO

Al volver el miércoles 11 (de diciembre), agotada físicamente luego de cinco días de construcción sólo me quedaban fuerzas para mirar el paisaje del atardecer, que nuevamente me llenaba los ojos de armonía. De pronto, el paisaje se convirtió en metros y metros de milpa seca, estructuras de caña y lámina, niños remontando barriletes de papel, mujeres con canastos de ropa en la cabeza. En ese momento pensé, ojalá que el bus se detenga y me dé tiempo de tomar una buena foto. El bus siguió junto con el paisaje y mi cabeza disparó a la reflexión que hoy quiero compartirles.

Es increíble pensar que hasta el hermoso paisaje de Guatemala está directamente relacionado con la pobreza y la falta de oportunidades de miles de familias. Milpa, frijol, café: esos paisajes de tan diversos colores que más tarde se convertirán en sabores típicos y deliciosos, están hechos por manos trabajadoras que pasan semanas sin poder acariciar a los suyos porque no queda otra opción que tomar bien fuerte ese machete y llevar el costal de lo recogido para poder ganar el sustento de cada día.  Esas espaldas de miles de hombres destruidas por el peso de la leña. Esas cabezas de miles de mujeres machucadas por litros y litros de agua que cargan en un gran tonel, caminando dos o tres kilómetros hasta el caudal más cercano. Esas son las realidades de esta hermosa Guatemala que vive en situación de pobreza. Pobreza que no se deja ver por la inmensidad del paisaje que encandila la mirada, pero que allí está y también es parte del paisaje.

Más de la mitad de la población de Guatemala no tiene oportunidades de alcanzar una vida digna. (Foto: TECHO).
Más de la mitad de la población de Guatemala no tiene oportunidades de alcanzar una vida digna. (Foto: TECHO).

Ahora cada vez que mire una montaña o un volcán no voy a poder evitar pensar quién llevó ese paisaje hasta allí. Cuánto sudor, lastimaduras en las manos, niños lejos de sus padres y quién sabe qué otros sacrificios lograron que cada uno de nosotros tenga en su foto de perfil una imagen envidiable por todos, con el sol guardándose y cortando la silueta de una montaña, creando colores nunca antes vistos.

Ojalá ese paisaje algún día cobre en mi mente una mirada alegre, pero para eso es importante que todos nos llamemos a la acción, a decirle basta a la pobreza, hasta acá llegó nuestra paciencia. ¿Cuántos años más debemos esperar para que las cosas cambien?, ¿por qué no darnos la oportunidad de apreciar los increíbles paisajes de una forma natural, donde la milpa, el frijol y el café sean fruto de un trabajo digno y bien remunerado?

Por Nadia Fusco, Directora de Comunicación en TECHO, argentina y publicista de profesión

12 de enero de 2014, 22:01

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