¡Ballena a la vista!, crónica de un viaje por el Pacífico guatemalteco

Antes de subir a la lancha a las 9:30 de la mañana, el capitán hizo varias recomendaciones: tomar una pastilla contra los mareos debido al oleaje en alta mar, ajustarse el chaleco salvavidas y no abalanzarse todos hacia el mismo lado de la lancha para observar algún espécimen.

Enseguida informó a la Naval del Pacífico de la salida hacia alta mar, se recorrieron en total 29 millas náuticas de este a oeste y viceversa, como ir de ciudad de Guatemala a Chimaltenango. Pero solo unas 10 millas náuticas hacia el horizonte, es decir, como de la zona 1 al paso a desnivel de San Cristóbal. La lancha medía 30 pies de largo por dos metros y medio de ancho; la mitad de la embarcación estaba techada.

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La mayor parte del recorrido se avizora la costa, aún se veía en el horizonte cuando “¡delfines!”, pero la presencia de la embarcación los alejó rápidamente en las aguas del océano Pacífico.

Es un paseo que requiere paciencia. Tras 20 minutos de recorrido y de rodearse únicamente de la inmensidad azul, los pasajeros empezaron a inquietarse. En esa hora, lo más curioso había sido una tortuga marina que también se ocultó.

La monotonía la rompió un grito: “¡Allá van dos!” Marco Antonio Marroquín, el capitán, aceleró para no perderlas de vista y dio aviso a dos embarcaciones más deseosas de avistar cetáceos.

Efectivamente, eran una ballena jorobada y su cría, que ofrecían un espectáculo que asombró al mismo capitán, quien tiene años en este mismo recorrido. “Me encanta ver cuando sacan el chorro, parece humo”, comentó el experto navegante. Es el vapor que exhalan por su espiráculo, su orificio nasal en el lomo.

El grupo dispuso de 25 minutos para tomar fotografías, grabar video o simplemente admirar a estos animales. Ese es el tiempo estipulado por el Consejo Nacional de Áreas Protegidas para la observación de esta especie. La distancia permitida para observarlos son 100 metros con los motores en neutro para no afectar el oleaje al que están acostumbrados.

La observación de cetáceos busca establecer una actividad turística y responsable en las costas del Pacífico. (Foto: Paola Foncea/PNUD)
La observación de cetáceos busca establecer una actividad turística y responsable en las costas del Pacífico. (Foto: Paola Foncea/PNUD)

Terminaron los 25 minutos. Tiempo de volver y dar espacio a otras embarcaciones con navegantes ávidos de presenciar ese espectáculo natural, avistar ballenas. En el retorno a tierra, tres delfines se dejaron ver mientras nadaban con rapidez.

El recorrido duró alrededor de cuatro horas y la mejor hora de salida del muelle es a las 7:00 de la mañana para más probabilidades de observar diversidad de fauna marina del Pacífico guatemalteco.

Este recorrido tiene un costo de Q900 a Q1 mil por persona entre enero y abril, los meses para avistar cetáceos. Serviturismo Las Lisas brinda este servicio y es una de las cuatro empresas que lo ofrecen. Puedes encontrar su fanpage en Facebook para consultar sobre las fechas y los espacios disponibles. 

 

Marroquín, el capitán, y uno de los socios de este proyecto buscan opciones para bajar los precios para que más personas tengan la oportunidad de observar cetáceos, “es decir, varias especies de ballenas y delfines que se han registrado en las aguas del Pacífico, así como tortugas, mantarrayas y peces vela”.

Tras finalizar esta aventura, puedes quedarte en la playa y pasar un día más disfrutando del sol, o retornar a la ciudad, aunque lo recomendable es hacerlo antes de que caiga la noche debido al mal estado de varios tramos de carretera.

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09 de febrero de 2018, 05:02

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