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Bolt extiende su reinado mundial con medalla de oro en final de 4x100

La medalla de oro conseguida por Bolt, este sábado en el relevo es la undécima que logra en Mundiales. (Foto: EFE)

La medalla de oro conseguida por Bolt, este sábado en el relevo es la undécima que logra en Mundiales. (Foto: EFE)

Cuatro tripletes en campeonatos globales y once medallas de oro, dejando escapar una sola -por su culpa durante los últimos siete años, agotan los adjetivos para describir la trayectoria descomunal de un velocista inmisericorde con el enemigo, Usain Bolt.

La leyenda viva del atletismo logró su tercer oro en el Mundial de Pekín como último relevista del cuarteto de Jamaica, que ganó la final de 4x100 con un tiempo de 37.36.

Bolt, campeón individual de 100 y 200 metros, remató el triplete dorado en Pekín como último relevista del equipo de Jamaica, otra vez ganador, ahora con una marca de 37.36, frente a un cuarteto estadounidense que al final resultó descalificado.

El tercer intercambio del cilindro, entre Tyson Gay y Mike Rodgers, se produjo fuera de zona, y Estados Unidos, que había llegado lejos en segundo lugar (37.77), cedió la medalla de plata a China (38.01), y el bronce fue para Canadá (38.13).

De todas formas, un margen de 41 centésimas había separado en meta a Usain Bolt del último norteamericano, Mike Rodgers, que pareció arrugarse ante la estampa monumental del Relámpago.

Nesta Carter, Usain Bolt, Nickel Ashmeade y Astafa Powell. El histórico equipo de velocistas de Jamaica. (Foto: EFE)
Nesta Carter, Usain Bolt, Nickel Ashmeade y Astafa Powell. El histórico equipo de velocistas de Jamaica. (Foto: EFE)

La eterna sonrisa de Bolt oculta a veces dolores físicos. Durante toda su carrera deportiva tuvo que enfrentarse a sus propios desequilibrios. Las tablas de ejercicios abdominales y lumbares constituyen el pan de cada día para el jamaicano, que de vez en cuando se ve obligado a interrumpir los entrenamientos por culpa de sus molestias en la parte baja de la espalda.

Su trayectoria atlética experimentó un gran impuso desde que, con 18 años, encontró a Glen Mills, el entrenador que hizo del cristobalense Kim Collins, un peso ligero entre los velocistas (1,74 metros, 65 kilos), un campeón del mundo, en París 2003.

Mills le encomendó a los cuidados del doctor alemán Muller-Wolhlfahrt, el mismo al que, en su condición de jefe de los servicios médicos del Bayern Munich, el entrenador español Pep Guardiola culpó indirectamente de la derrota ante el Porto en la Champions League.

El galeno le reveló su imperceptible cojera y le invitó a trabajar en ejercicios de compensación, además de fortalecer su espalda en el gimnasio.

Una vez que Bolt recompuso su cuerpo, sus cualidades innatas le otorgaron la supremacía. Si conseguía mover sus largas piernas a la velocidad con que lo hacen otros velocistas más pequeños sería imbatible, especialmente en los 200 metros. Y así ocurrió una y otra vez, con regularidad pasmosa.

Bolt sigue visitando con frecuencia la consulta del médico alemán. Lo hizo antes de los Juegos de Londres, después de su doble derrota frente a Blake en los campeonatos jamaicanos, y ha vuelto a hacerlo este año antes de los Mundiales. Mano de santo, en ambos casos. Lo dejó como nuevo. ¿Llegará en condiciones el año próximo a los Juegos de Río?.

*Con información de EFE y canchallena.com

29 de agosto de 2015, 10:08

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