Caminar en la ciudad: un acto de resistencia

Las mujeres se enfrentan al acoso callejero constantemente. (Foto: Wilder López/soy502)

Las mujeres se enfrentan al acoso callejero constantemente. (Foto: Wilder López/soy502)

Caminar es la unidad mínima de la libertad. La libertad de locomoción no es un derecho de los carros. Poder desplazarnos libremente es la manera en que nuestro cuerpo construye la realidad, se posiciona. Y cuando digo caminar necesito ampliar el concepto y cederle a una silla de ruedas, a una muleta o a una patineta con rueditas, el sentido del caminar.

No hay discusión del huevo y la gallina acá: primero fue el peatón, luego fue el caballo, etcétera. 

Primero fue el peatón y luego el insulto, el acelerón, el toreo de los carros, la carrerita hasta la acera, el laberinto entre animales que tapan los pasos de cebra, el semáforo titilante que prioriza por sobre todas las cosas a los carros. Siempre he pensado que “el peatón lleva la vía” y “reforma agraria” son dos conceptos impronunciables en el país. Caminar en esta ciudad es un verdadero acto de resistencia.

El primer muro somos nosotros mismos, una mujer que camine en la ciudad de Guatemala se debe de enfrentar con hordas de imbéciles que la insultan con las peores vejaciones –casi siempre de carácter sexual- respecto a su ser mujer. Miles de hombres enfermos –aunque fuera uno solo, cada comentario acosador lo multiplica en más hombres enfermos- cortan el paso a las peatonas, y con esto ya quedó fuera más de la mitad de la población.

¿El peatón lleva la vía? Un ejemplo más del incumplimiento de las leyes en Guatemala. (Foto: Wilder López/Soy502)
¿El peatón lleva la vía? Un ejemplo más del incumplimiento de las leyes en Guatemala. (Foto: Wilder López/Soy502)

El segundo muro es la ciudad en sí misma que está diseñada –muy macabramente- para que te la pensés dos o tres veces antes de hacerlo. Una ciudad que le cedió totalmente su fuerza pedestre a los carros: la ciudad cedió su libertad a un cubo de metal con cuatro ruedas. Tenemos tan despegados los pies de la tierra –literalmente encima del carro- que pareciera ser que el pacto de la libertad  en esta Guatemala de la Asunción es comprar un carro.

El tercer muro es un poco lo de siempre, horror que lo de siempre sea el miedo, horror que el día a día sea el miedo, horror que tengamos que acelerar el paso, que tengamos que estar siempre atentos sobre los hombros, horror no vernos a los ojos, horror ser incapaces de saludar, horror apenas tener parques, horror apenas tener pasarelas, horror tener alguna discapacidad y simplemente no poder moverte libremente ¡PORQUE NO SE PUEDE!,  horror asumirlo como normal, ¡no es normal una ciudad en la que no se puede caminar, carajo!, y sin embargo resistimos.

Se me ocurre, no sé, en grupos de por lo menos cinco personas no hay manera que te asalten, que te insulten, que te atropellen, que te invisibilicen y bueno, yo me apunto, ya solo faltan cuatro.

05 de abril de 2017, 05:04

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