El ciclo del horror y la muerte de Byron Lima

Cada cierto tiempo ocurre un suceso terrible en alguna de las cárceles del país. Esto es cíclico. Las imágenes son macabras, siempre. Los muertos aparecen decapitados, con tiro de gracia o calcinados. Son reflejos de horror. Escenas de barbarie. Y es entonces cuando, de forma súbita, el tema acapara titulares y se habla de la urgencia de transformar y dotar de recursos al sistema penitenciario.

Pero entre catástrofe y catástrofe, son pocos los que le prestan verdadera atención al asunto. La mayoría de quienes sí lo hacen son aquellos que viven con la angustia de llegarle, mes a mes, a la talacha impuesta para evitar que su familiar sea también asesinado dentro del centro penal donde esté recluido. Porque de lo que todos estamos claros, incluso las autoridades, es que, puertas adentro, el control de las cárceles la tienen los presos.

No hay cámara que aguante, decía hace unos días la ex Ministra de Gobernación, Adela de Torrebiarte. Instalarlas es inútil: de inmediato las retiran. Nadie sabe qué pasa. La única certeza es que hay que pagarle a “alguien” para salir con vida del lugar, sea cuando se cumple una pena o cuando se está privado de libertad por falta de alguna resolución judicial.

Desde hace años se dice y se repite que el sistema penitenciario es “La Cenicienta” del sistema de justicia. El que quedó relegado al último rincón del sótano y cuya única compañía son las sobras de alguien más. ¿Sus guardias? Los peor pagados. ¿El mantenimiento? Mínimo. ¿Mejoras adentro? Ni pensarlo. ¿Construir nuevas y más modernas cárceles? No se ha podido. Y los últimos intentos por hacer algo en materia de infraestructura han sido sonados fracasos en los que la corrupción ha sido la que ha jugado el papel estelar. Si no que lo diga el ex titular del Interior Raúl Velásquez, preso por el caso Fraijanes II.

El actual ministro, Francisco Rivas, ha reconocido que los reos son quienes controlan el asunto. De nada han servido las requisas periódicas o espaciadas. De ahí lo fácil de montar operativos tan complejos como en el que se asesinó a Byron Lima, y a trece personas más. Y lo que se enfrenta ahora, lo inmediato, como dijo la analista María del Carmen Aceña, es un vacío de poder en Pavón, porque nadie sabe quién está a cargo. Solo sabemos que no son las autoridades nombradas. Ha llegado, sin embargo, el momento de retomar el control. Los diagnósticos están hechos y las hojas de ruta, trazadas desde hace mucho. Se sabe qué se necesita de recursos y de voluntad política para acabar con esta pesadilla. Y es preciso despertar de ella lo antes posible porque, créalo o no, nos afecta a todos.

21 de julio de 2016, 09:07

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