Una comisión para mí y otra para ti. Y otra para mí

Comienza mal la gestión de Óscar Chinchilla en el Congreso. (Foto: Jesús Alfonso/Soy502)

Comienza mal la gestión de Óscar Chinchilla en el Congreso. (Foto: Jesús Alfonso/Soy502)

Mal, muy mal arrancó el Congreso de la República este año.

La “vieja política” que rechazó el electorado hace apenas 15 meses está más activa que nunca en los pasillos de la Novena avenida, como quedó en evidencia al definirse el número de “Comisiones Extraordinarias”. Los 158 diputados deberán repartirse entre 38 salas de trabajo ordinarias y 16 adicionales: 54 en total.

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Según la bancada de la Unidad Nacional de la Esperanza, cada una de las salas extraordinarias tiene un costo de Q500 mil. Y como se estableció en las reformas a la Ley Orgánica del Organismo Legislativo, todas tienen la obligación de reunirse dos veces al mes y “cuando consideren necesario”, e integrarse con un mínimo de siete diputados. Así las cosas, la mayoría de congresistas deberá trabajar en al menos tres comisiones a la vez para que todas cumplan con los requisitos. Nada de especializarse y enfocarse en un punto específico.

Nadie niega que las comisiones de trabajo sean necesarias. Sus competencias, en teoría, van en la línea de promover políticas y legislación que mejore las áreas de influencia para las que fueron creadas. La de Finanzas, por ejemplo, tiene la función específica de dictaminar el presupuesto anual, y por mucho tiempo ha sido considerada la joya de la corona. 

“Todas tendrían que ser entes técnicos”, decía esta semana el politólogo Hugo Novales. “Pero, por desgracia, han pasado a ser una forma de pagar favores políticos”. 

Amén de que más de alguna de estas parece duplicar las funciones de otra. “Las comisiones extraordinarias se justifican, si tienen un objetivo claro, un plazo de trabajo establecido y una meta concreta”, opinaba al respecto Constanza Alarcón, de Guatemala Visible.

Yo quisiera conocer por qué hay necesidad de establecer la de “Competitividad y Ordenamiento Territorial” cuando ya existe la de Economía, cuya función particular es determinar el rumbo de la Ley de Competencia. O la razón detrás de conformar una sala de trabajo para enfrentar la “Conflictividad en Asuntos de Extracción Minera y Energética”, si opera la de Energía y Minas. ¿Es que acaso los temas no se complementan?

Es preciso ser muy creativos para entender la razón detrás de las 16 comisiones extraordinarias. El ámbito de trabajo de cada una de estas cabe perfectamente dentro de las 38 ordinarias, que, a mi parecer, también son un exceso.

Encima de todo, varios de los diputados que  podrían presidirlas enfrentan procesos legales, o hay solicitudes de retiro de antejuicio en su contra, así que la fluidez en el trabajo no se encuentra precisamente garantizada.

El año que recién pasó, Mario Taracena arrancó con estruendo al divulgar la nómina de los empleados del Congreso. En 2017, sin embargo, nos damos cuenta de que aún queda mucho camino por recorrer. Mal, muy mal empezó este año el Organismo Legislativo. Muy mal. De seguir así, el año entrante habrá 158 comisiones. O incluso más.

18 de enero de 2017, 18:01

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