¿Qué significa el triunfo de Donald Trump?

Después de estar algunos días en Estados Unidos, les comparto un análisis preliminar acerca de lo que puede significar la presidencia de Donald Trump para Guatemala y la región centroamericana, pero también, a grandes rasgos, para el mundo. 

1. Matices y deportaciones

La visita del vicepresidente Biden a Guatemala coincidió con el discurso de Benjamín Netanyahu en la Cámara Alta en Washington. (Foto: Wilder López/Soy502).
La visita del vicepresidente Biden a Guatemala coincidió con el discurso de Benjamín Netanyahu en la Cámara Alta en Washington. (Foto: Wilder López/Soy502).

 

Hace dos años, tras la crisis de los niños migrantes, el Departamento de Estado incluyó a Centroamérica dentro de sus cinco prioridades de política exterior. Es decir, nos catalogaron en un nivel de problema similar al que representan el Estado Islámico, Irán, Rusia y China.

Para manejar esa situación en el Triángulo Norte, republicanos y demócratas, de forma bipartidista, trazaron un plan de acción que incluye el combate frontal a la corrupción y el lanzamiento de programas de desarrollo a nivel regional. Hasta ahora, esa es una política de Estado, no de gobierno.

En Guatemala, existe la percepción equivocada de que la administración Obama ha sido el motor de esa agenda, que en realidad, ha sido compartida con los republicanos. En ese marco de ideas --repito, erróneo--, un triunfo de Clinton hubiera significado continuidad, en tanto su derrota, abría la posibilidad de una ruptura. Por esa razón apostaría que los reclusos en el Mariscal Zavala celebraron la victoria de Trump. 

Ahora bien, en Estados Unidos la política exterior es un asunto institucional y estoy segura de que no veremos un viraje rotundo e inmediato. Si acaso, cabe esperar alguna modificación en los matices. ¿Una tutela más "discreta", por así decirlo? Solo el tiempo lo dirá, porque también cabe la posibilidad de que nos toque más palo que zanahoria.

Eso sí, yo diría que se puede descartar que el actual embajador, Todd Robinson, azote de las mafias, sea ascendido por ahora a una posición con mayor poder en el Departamento de Estado.

Los que quieren que Washington renuncie a la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, CICIG, se verán decepcionados, porque ahí el problema es que no confían en los políticos guatemaltecos. De hecho, si Trump cuestionó los costos que representa la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, la alianza militar más importante de Occidente en toda la historia, lo que podemos esperar es que presione, con sus peculiares buenas maneras, para que la CICIG la paguemos nosotros.

¿Veremos más deportaciones de centroamericanos, como lo prometió Trump? Es probable. La actual administración demócrata es la que ha registrado las mayores deportaciones de la historia. Cabe esperar también que esa tendencia continúe y que se aceleren las deportaciones de migrantes que sean detenidos in fraganti, por ejemplo por manejar sin licencia o bajo efectos del licor.

2. Más discriminación

Una de mis cuñadas es médico y vive en Nueva York. Me contó que hace unos días, un tipo se le tiró encima en el metro para gritarle que no hablara en español. Yo viví en esa misma ciudad durante un año completo en la década de los noventa y puedo decir que los neoyorquinos pueden ser agresivos, pero yo jamás padecí un ataque de xenofobia como ese.

Es un hecho que el racismo contra los hispanos ha ido creciendo en las últimas décadas en Estados Unidos y sería injusto achacarle ese problema a Trump. Sin embargo, la actitud del nuevo presidente, al calificar a los mexicanos de criminales o descalificar a un juez por su ascendencia étnica, confirma que el discurso oficial ha cambiado. 

Los políticos pueden ser hipócritas, pueden decir una cosa y hacer otra, pero la retórica es poderosa y hasta ahora, la que salía de la mayor parte de los altos estrados políticos en Estados Unidos apoyaba la tolerancia, el respeto y la diversidad (aunque las acciones apuntaran a veces en otra dirección). Eso se acabó en los próximos cuatro años: Trump no dejará de ser Trump y seguirá insultando a grupos enteros de gente si se le antoja, sobre todo porque sabe que gracias a ello llegó a la Casa Blanca.

Más allá de promover la discriminación, y no solo contra los hispanos sino contra otras minorías como los musulmanes, los arrebatos de Trump podrían tener implicaciones graves. La política, especialmente la política de alto nivel, es una combinación de fondo y forma. El presidente de los Estados Unidos no se puede dar el lujo de ir por ahí usando las palabras a la ligera, mucho menos haciendo desplantes y groserías, a menos de que lo haya calculado minuciosamente, porque en esos escenarios, hasta los gestos tienen consecuencias.

Trump repitió durante toda la campaña que Vladimir Putin no respeta a Clinton. Ojalá el nuevo presidente electo haga un poco de introspección porque sobran los jefes de Estado y diplomáticos que no tienen ningún respeto por él. Sería bueno que se lo empiece a ganar porque el descrédito global puede salirle caro a los Estados Unidos. No sería la primera vez que ocurre y el efecto es letal, no solo para Estados Unidos y su área de influencia, sino para Occidente.  

3. El famoso muro...

El señor Trump ha hecho promesas que van en contra de la ortodoxia republicana. Una de las premisas ideológicas que Trump ha atacado con mayor fuerza es el libre comercio. Desde el principio de su campaña, ha prometido que renegociará tratados de comercio internacionales, notablemente el firmado con México y Canadá. En cuanto a los tratados que no se firmaron, como el proyecto que existe con Asia del Pacífico, probablemente estén muertos.

Desmontar el comercio global significa una disrupción de tal magnitud que honestamente dudo que sea posible hacerlo. ¿Alguien de verdad cree que Apple puede cerrar sus fábricas en Asia, ponerlas en Ohio y seguir vendiendo iPhones, a mayores precios?

Dado que el Congreso está ahora dominado por republicanos que históricamente se han opuesto al proteccionismo, me extrañaría que Trump pudiera llevar muy lejos ese plan. Pero en ese contexto, tal vez lo dejen fantasear con la idea del muro.

Desde luego, ese también es un despropósito mayúsculo: los muros han sido errores históricos que encierran fracasos políticos. La gran muralla china no sirvió ni como mecanismo de defensa. El muro de Berlín fue un signo ominoso del siglo XX y costó mucha sangre botarlo.

¿Trump quiere levantar otro, pese a estas experiencias? Puede que lo dejen iniciar el experimento. Total Estados Unidos se ha embarcado en otras misiones imposibles que cuestan mucho dinero, como la famosa "Guerra contra las Drogas", cuyos resultados están a la vista.

4. Una Corte Suprema conservadora

Trump se acercó al movimiento pro vida. (Foto: mother Jone´s).
Trump se acercó al movimiento pro vida. (Foto: mother Jone´s).

Los crisitianos conservadores elevaron su voz en estas elecciones: buena parte del voto que catapultó a Trump proviene de grupos que genuinamente aborrecen a Clinton por sus posturas a favor del aborto y la diversidad LBGT.

Trump no ha sido consistente en estos temas, pero no creo que vacile al nombrar a todos los magistrados conservadores que pueda en la Corte Suprema. Un punto importante que debemos recordar es que estos nombramientos son vitalicios y por lo tanto, tienen un efecto de largo plazo en las formación de jurisprudencia y la generación de leyes. ¿Tanto como para revertir decisiones o solamente limitarlas? Eso el tiempo lo dirá, pero por ahora, la victoria republicana, sí es un golpe fuerte para los proponentes de la agenda liberal en asuntos culturales.

La gran maquinaria de Hollywood, que influye en la cultura mundial, seguirá llevándole la contraria a Trump, pero en el fondo, me parece que los resultados de esta elección también pueden hacer titubear a los grandes ejecutivos del entretenimiento, pues al final no pueden contrariar a sus principales clientes en Norteamérica. En todo caso, la guerra cultural está servida, se ve pareja y va para largo.

5. Cisma en el "establishment" político

Muchos republicanos le dieron su apoyo a regañadientes a Trump. (Foto: Acces WDUN)
Muchos republicanos le dieron su apoyo a regañadientes a Trump. (Foto: Acces WDUN)

Si algo hizo esta elección es evidenciar la profunda crisis que viven las cúpulas de los dos partidos dominantes en Estados Unidos. 

El triunfo de Trump es, como lo hemos visto en otros lados, incluido Guatemala, el triunfo del “outsider”. Los desencantados votan al candidato ajeno al sistema político tradicional como una forma de protesta. De ahí que la victoria no pertenezca a los republicanos per se, sino a alguien que vino incluso a subvertir el orden de ese partido.

En el campo demócrata, la situación debe ser atroz, pues el partido acaba de experimentar su peor derrota en ochenta años. Es probable que muchos se pregunten ahora si no hubiera sido mejor participar bajo la fórmula de Bernie Sanders, que era el candidato "diferente".

A ello hay que agregar que en varios estados hubo candidatos independientes que obtuvieron resultados importantes. En Utah, por ejemplo, el candidato independiente Evan McMullin obtuvo el 20.7% de los votos. En Nuevo México, el libertario Gary Johnson logró el 9% del voto popular. Ello sin contar la incursión de Ross Perot, otro independiente que se llevó casi el 20% de los votos a nivel nacional en 1992.

La elite política de Estados Unidos debe aprovechar esta sacudida para meditar sobre el papel que ha jugado y trazarse un plan de transformación profunda. Yo no sé cuál sea la solución, pero si no proponen algo distinto, las instituciones peligran.

6. El malestar del siglo

Manifestantes en Wall Street piden justicia, trabajo y educación. (Foto: The Guardian/Jessica Rinaldi)
Manifestantes en Wall Street piden justicia, trabajo y educación. (Foto: The Guardian/Jessica Rinaldi)

El triunfo de Trump revela que existe un profundo malestar en los Estados Unidos y en el mundo. Es innegable que los cambios políticos y económicos de las últimas décadas del siglo XX generaron cambios radicales en la distribución del poder y la riqueza, a nivel global.

El auge de China, India y otros países emergentes sacó de la pobreza a miles de millones de personas, pero también provocó "ajustes" a lo ancho del globo, incluido en Estados Unidos, donde cientos de miles de personas se quedaron sin trabajo. En otros casos, fue simplemente la revolución tecnológica la que arrasó con industrias enteras. 

Este fenómeno nos ha dado a Trump, pero lo cierto es que es mundial. En el centro de los Estados Unidos, hay todo un grupo de personas que se sienten traicionadas por los políticos y quieren que alguien les devuelva a la época dorada de la industria automotriz y el capitalismo industrial de la post guerra.

El desafío del mundo es ofrecer soluciones nuevas, porque esa revolución tecnológica que todo el mundo celebra anuncia disrupciones mucho mayores para la economía, con desplazamientos groseros en el empleo. ¿Qué va a pasar, por ejemplo, cuando se automoticen más industrias, como la del transporte, y los vehículos autotripulados vuelvan innecesarios a los pilotos comerciales? ¿De qué van a vivir esas personas?

Buscar soluciones realistas y viables es imperativo, si no queremos ser testigos de un incremento peligroso en la conflictividad del planeta que puede manifestarse con violencia. 

Por ahora, lo que ha propuesto Trump concretamente es poner fin a la reforma de salud de Obama y bajar los impuestos de los ricos, con el fin de estimular la creación de empresas y promover el empleo. Está por verse si esas políticas consiguen mejorar la calidad de vida de los más vulnerables, o al contrario, si los recortes en programas sociales los perjudican.

7. Adiós encuestas

Las encuestas, una vez más, se equivocaron.  Tal y como ocurrió con el Brexit o el “no” de Colombia, las mediciones de opinión pública no lograron capturar las tendencias reales de los votantes.

Junto con el descrédito de los encuestadores viene el de los medios que publicaron esas mediciones de opinión pública. Unos los acusan de sesgo, otros de incompetencia. 

Sea cual fuere la razón, la cosecha es la misma: menos credibilidad para organizaciones que están en ese negocio. Para la próxima, no se les tomará no con un grano, sino con un quintal de sal.