Cómo salir vivo de la Mara Salvatrucha

La MS-13 se originó a principios de la década de los ochenta en la zona metropolitana de Los Ángeles. (Foto: AFP)

La MS-13 se originó a principios de la década de los ochenta en la zona metropolitana de Los Ángeles. (Foto: AFP)

Ernesto Deras, un hombre al que los demás pandilleros conocían como "Satán", no puede explicar por qué se levantó de su asiento, se acercó al altar de una iglesia del vecindario de Panorama City de Los Ángeles y comenzó a llorar descontroladamente.

Perdón, perdón, perdón”, repetía mientras se dejaba caer de rodillas. Este año, a casi dos décadas de que se acercó a Dios, Deras habría dicho a Steven Dudley, codirector de InSight Crime, que le "habían disparado, me había roto huesos, estuve en prisión” y que nada de eso lo había hecho llorar. “Me sentía como un hombre que no tenía lágrimas, pero aquel día ocurrió algo poderoso”.

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Otros expandilleros narran historias similares. La Iglesia los atrajo y los liberó de las tenaces garras de las pandillas, que a su vez respetaron sus salidas. Volverse miembro activo de una comunidad religiosa sigue siendo casi la única forma en la que alguien puede salir vivo de la Mara Salvatrucha, conocida como MS-13.

Hay pocos datos sobre cuántos miembros han abandonado la MS-13 para unirse a la Iglesia, pero en un sondeo reciente de la Universidad Internacional de Florida a casi 1,200 pandilleros en cárceles de El Salvador, un 58% dijo que esta era “la organización más adecuada para dirigir programas de rehabilitación”.

Las historias de estos pandilleros con la religión dan claves sobre cómo reducir la influencia de la banda criminal en los países donde opera. Después de tres años estudiando a esta organización, Dudley y sus colegas concluyeron que la mejor forma de disminuir su atractivo para los jóvenes vulnerables es verla como un grupo social, no como una empresa delictiva.

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La MS-13 se originó a principios de los ochenta, cuando varios refugiados salvadoreños se reunían para escuchar heavy metal, beber alcohol y fumar marihuana en Los Ángeles. Al igual que otras de las llamadas “pandillas de drogadictos” de la ciudad en aquella época, ellos convirtieron en un grupo violento, en defensa propia y por ambición criminal.

El presidente estadounidense Donald Trump, igual que muchos de sus predecesores, ha buscado lidiar con las pandillas mediante encarcelamiento, condenas más rígidas y la deportación, pero la MS-13 ha crecido durante casi cuatro décadas, debido a que su razón de ser trasciende las ganancias monetarias o de capital.

La MS-13 es como una familia adoptiva. Sus miembros se afilian por muchas razones, pero principalmente porque son vulnerables, marginados y carecen de un camino claro para ascender en la escala socioeconómica, por lo que encuentran en la pandilla a un grupo unido que consideran un medio de protección.

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Sus miembros llaman a este resguardo “El Barrio”, parte de una noción mítica de que, si alguien se compromete con él, será recompensado con respeto, estatus y gente que lo respaldará cuando alguien del exterior lo amenace. Es un sistema de creencias que se puede evocar para bien o para mal, que incluye violencia, comportamiento criminal depredador y formas brutales de control social que han ocasionado miles de muertes en Estados Unidos y Centroamérica.

Tanto la Iglesia como la pandilla son organizaciones sociales muy unidas. Los miembros de la primera se llaman entre ellos hermanos y, al igual que sucede con los de la segunda, se espera que se cuiden mutuamente y provean empleo, refugio y alimento cuando sea necesario.

Además de encarar la amenaza a nivel espiritual y emocional, las iglesias evangélicas también lo hacen de forma práctica. Dan empleos y contactos laborales, servicios de guardería y acceso a servicios de salud. Hacen celebraciones casi todas las noches, lo cual coincide con las horas en las que se espera que los miembros de las pandillas salgan a divertirse con otros integrantes de la banda.

Esta transición a la religión sugiere que deberíamos dedicar cantidades equivalentes de recursos y retórica para crear una alternativa a "El Barrio" de la MS-13, un espacio que nutra a la juventud en lugar de marginarla, encarcelarla y deportarla
Steven Dudley
, periodista de "The New York Times".

Los espacios seguros incluyen a las instituciones religiosas, pero también podrían crearse en escuelas libres de pandillas donde los jóvenes en riesgo obtengan apoyo emocional, práctico y financiero. Aunque la procuración de justicia seguirá siendo necesaria en la estrategia para combatir a las pandillas, el compromiso con estos tipos de prevención y estrategias de salida es la única forma de mitigar la influencia de estos grupos a largo plazo.

A pesar de lo dramático que fue su colapso nervioso en la Iglesia, la transición de Deras de la vida de pandillero a la religiosa ocurrió con el paso del tiempo, a medida que trabajó para integrarse a su nueva comunidad. También tuvo que pasar un tiempo para que sintiera que podía confesar a los líderes de la pandilla que asistía a la iglesia con regularidad. Cuando lo hizo, no le dijeron que dejara de hacerlo, sino lo contrario: “Sigue acercándote a Dios”.

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*Tomado de The New York Times

30 de abril de 2018, 12:04

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