La crisis generalizada de todos los días

El país parece colapsar: no hay correo, las carreteras están destruidas, sacar un simple documento de identificación es un martirio. (Fotos: Archivo Soy502)

El país parece colapsar: no hay correo, las carreteras están destruidas, sacar un simple documento de identificación es un martirio. (Fotos: Archivo Soy502)

Durante la primera semana de septiembre, que se ve tan extrañamente lejana con todo lo que hemos vivido en el último mes, planteé una inquietud por Facebook. En medio de lo que era, en aquel entonces, una crisis incipiente (la declaratoria de “non grato” al comisionado Iván Velásquez y sus consecuencias) pedí que me compartieran historias vinculadas con los aprietos cotidianos que enfrentamos al hacer trámites que, hasta hace poco, eran ágiles y eficientes.

Por insólito que parezca, Guatemala aún no tiene correo. Estamos, en términos postales, incomunicados con el resto del planeta. Y aunque para algunos sea poca cosa porque “todo se resuelve por correo electrónico”, pregúntele a las personas cuyo trabajo depende del envío de documentos físicos en original, lo que significa tener que echar mano de servicios de courier mes a mes.

¿Los pasaportes? Aunque las autoridades aseguran que la crisis ya se solventó, dese una vuelta por migración. “Horas de cola bajo el sol”, compartía Claudia. “Venden puestos por guardar lugar a Q100 sin que nadie diga nada. Y a la hora de almuerzo, las filas de quienes verifican datos se reducen de cinco a dos. Un calvario”. A Alejandra la obligaron a cambiar papelería y a usar el apellido de casada. Eso, para darle pasaporte a su hijo, cuando tal cosa es un derecho.

Ana, por su parte, denunciaba que a ella pretendían cobrarle Q75 para evitarle hacer una fila de cuadras enteras. ¿La recomendación de Daniela? “Lleguen en día de bloqueo y después de las tres de la tarde. Salen en una hora”.

Guillermo recordaba el calvario que significó entrar a un destino asiático con un adhesivo que indicaba que el pasaporte estaba renovado. “Los vistas de aduana no daban crédito. Estuve aislado durante dos horas dentro de un cuarto mientras temía una deportación instantánea”.

Ahora bien, el vía crucis en Migración es miel sobre hojuelas en comparación con lo que ocurre en el Renap. “Un año después de arrancar con un proceso de identificación porque mi nombre aparecía sin tildes, me dicen que tengo que volver a empezar”, comentaba Julia.

“Mi mamá nació en el ficticio municipio de San Martín Jilotepeque, Chimaltenango. Y digo ficticio, porque en el registro aparece el nombre de la localidad sin tilde y esto también es un problema para el vecino”, decía Juan Pablo. 

“Mi esposo está casado conmigo, pero yo no con él”, se quejaba Gabriela. Lucía sin tilde es mamá de dos niñas. Y Lucía con tilde, del tercero de sus hijos, "pero no soy madre de los tres hasta que no rectifique el nombre”. “El trámite para que yo,  Karen, pudiera ser identificada como mamá de mis hijos terminó a las 20:45. Y la cola seguía detrás de mí”. “Los apellidos de mi esposo Carlos todos están con mayúsculas. La familia entera tuvo problemas por eso”. Y Juan remataba: “Yo perdí mi DPI y me da terror acercarme al RENAP, por eso sigo indocumentado”. Así como están los jóvenes universitarios que, por no disponer de papeles, no pueden hacer trámites para ser inscritos en centros de educación superior en el extranjero.

Mientras tanto, tenemos a un mandatario sin rumbo con el que pocos interlocutores válidos quieren dialogar y que recurre al berrinche un día sí y el otro también. No es con pataletas, sino con liderazgo como se resuelven los problemas cotidianos y los de largo aliento. Pero a como van las cosas no podremos enfrentar ni lo uno ni lo otro. ¿O sí, presidente Morales?

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28 de septiembre de 2017, 18:09

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