El día después

Recuerdo cuando, de pequeña, escuchaba relatos de lo que había sido la Revolución de 1944, a la que asocio, desde siempre, con términos como “gesta histórica” o “diez años de primavera”. Desde siempre, también, guardé la esperanza de ser parte de un movimiento similar en este país que tanto merece y ha recibido tan poco.

La jornada del #Paro27A, sin embargo, superó todas mis expectativas. Ver las imágenes de lo que hemos sido capaces de lograr me estremece hasta las lágrimas. Observar las plazas abarrotadas, no solo en la Ciudad de Guatemala, sino también en Quetzaltenango, Sololá, Alta Verapaz, Totonicapán, San Marcos, Escuintla o Chiquimula es sobrecogedor. Que las vuvuzuelas, los tambores y las consignas pacíficas se escuchen en todos los rincones es apabullante. 

En la misma medida en que nos estremece recordar lo vivido en el #Paro27A, nos indigna que el mandatario Otto Pérez Molina haya decidido no escuchar a los cientos de miles de gargantas que le exigen #RenunciaYa. El día después, sigue aferrado a un puesto que solo tiene de nombre. Nada ni nadie lo legitiman. Ningún sector lo respalda. La “Guatemala Profunda”, a la que él torpemente apeló el domingo por la noche, le respondió con claridad y contundencia que no lo quiere más. Enoja que se haga de oídos sordos a las vuvuzuelas, a los tambores y a las consignas pacíficas, cargadas de humor. 

Nuestras “gestas históricas” de 2015, tienen, como las de 1944, a héroes ya identificados y a otros que seguirán siendo anónimos. Siempre supimos que había dentro de nosotros, y en las instituciones públicas, funcionarios honorables, incorruptibles y decentes.

La prueba está a la vista. Las investigaciones conducidas por el Ministerio Público y la CICIG no se hicieron solas, ni ocurrieron de la noche a la mañana. El volumen del trabajo realizado evidencia en justa proporción este  compromiso con el buen trabajo: sólo en el caso La Línea las evidencias incluyen 88,920 escuchas telefónicas, 5,906 correos, 175,000 documentos, y 650,000 mil folios. Iván Velásquez y Thelma Aldana son los rostros visibles de decenas de guatemaltecos que trabajaron con tesón para darnos, al resto, los argumentos que necesitábamos para despertar de un letargo de décadas y salir a la calle.

Guatemala ya no es la misma. La refundación del sistema tendrá lugar más temprano que tarde. Ello ocurrirá, a pesar de que los politiqueros de siempre hacen hasta lo imposible por darle largas al cambio, esperanzados en que la cita con las urnas les dará el oxígeno que ansían para seguir haciendo lo de siempre.

Es una pena que nuestra revolución pacífica haya arrancado tan cerca de las elecciones, cuando dependíamos de cambios radicales que nos permitieran transformar las reglas del juego. No hubo reforma a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, muchos listados los encabezan los de siempre y quizá los resultados del 6 de septiembre no sean los óptimos. Ni los que merecemos. Pero los pasos de gigante se escuchan en todos los rincones de la Guatemala Profunda. Son pocos los que no han comprendido que los tambores, aunque dejen de sonar, llegaron para quedarse. Son aún menos quienes no han entendido que cada tronido de vuvuzuela es, en realidad, un canto de dignidad. Una dignidad a la que ya no puede silenciarse nunca más. 

 

28 de agosto de 2015, 10:08

*Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad de su autor, no de Soy502
cerrar