El círculo vicioso de opresores y oprimidos en los "bautizos"

Los ochos jugadores de Xelajú MC, implicados en una agresión sexual y maltrato contra un jugador juvenil, durante la audiencia en el Juzgado Segundo de Primera Instancia Penal de Quetzaltenango. (XelajúMC_)

Los ochos jugadores de Xelajú MC, implicados en una agresión sexual y maltrato contra un jugador juvenil, durante la audiencia en el Juzgado Segundo de Primera Instancia Penal de Quetzaltenango. (XelajúMC_)

La persecución penal de varios jugadores de Xelajú por presuntas agresiones a un joven que se negó a ser “bautizado” reabre la narrativa de barbarie que esta clase de “bienvenidas” suelen incluir. Ritos similares son practicados en todo tipo de grupos, establecimientos, clubes, colegios y facultades. Desde la “inocente” camorra al nuevo en el colegio hasta el tristemente célebre bautizo de la USAC, o la defensa del espadín de la Politécnica, han resultado en tradiciones que poco tienen de tradición y mucho de afrenta contra la dignidad humana.

Las historias son variadas, desde “bautizos” que terminan con puñetazos, huesos rotos, hospitalizaciones, humillaciones de todo sabor y color hasta abusos sexuales y lesiones graves. La práctica de la malsana bienvenida es una epidemia presente en muchos ambientes de nuestra sociedad, pero sobre todo una que se practica sobre los jóvenes.

Esta opresión lo único que hace es replicar como síntoma enfermizo la descomposición y desarticulación que se vive en todo estrato. Demuestra que eso de pertenecer y sumarse a la identidad grupal tiene un costo en dignidad, sufrido sin oposición a veces y sin opción en otras por la carne nueva, pero siempre con la “promesa” que el oprimido se convertirá en opresor y el círculo se cerrará. O más bien se convertirá en una espiral de irrespeto a la dignidad humana que se replique como vorágine a lo largo de la sociedad.

¿Es herencia colonial? ¿Herencia de la lucha de castas? ¿Una práctica de escuela militar? ¿O será más bien consecuencia del estado policial? ¿ Del conflicto armado tal vez? ¿Acaso sea una mezcla de todo y un poco de nada, donde prevalece el anhelo de humillar? Lo que es cierto es que no discrimina roles de género, ni clases sociales: son prácticas generalizadas que afrentan a los derechos humanos.

Aunque algunos lo aceptan sin quejarse, en los bautizos universitarios ocurren atropellos y agresiones. (Foto: Nuestro Diario).
Aunque algunos lo aceptan sin quejarse, en los bautizos universitarios ocurren atropellos y agresiones. (Foto: Nuestro Diario).

Indistintamente de su procedencia o magnitud, se trata de una práctica delictiva y completamente nociva para la sociedad. Los retos que tenemos como sociedad radican en generar pertenencia e identidad, en cohesionar y articular. La posibilidad de detener este tipo de rituales no está en manos de las autoridades, sino de los jóvenes. Depende también de que como individuos nos aseguremos de consagrar la dignidad humana. De hecho la dignidad humana es de los pocos bienes jurídicos constitucionales no sujetos al poder coercitivo del Estado. Es decir el respeto a la dignidad humana es un valor absoluto; la consagración de una identidad grupal sin humillación o menoscabo a la dignidad fortalece los vínculos a partir de valores.

La Guatemala de felicidad que muchos anhelamos es en gran medida una Guatemala de dignidad humana. El reto de transformar los bautizos en verdaderas bienvenidas descansa en la juventud. El resto de la sociedad debe asegurarse que las prácticas nocivas que menoscaban la dignidad de la persona sean eliminadas, pues si dentro de una o dos generaciones desaparecen estos roles de opresor y oprimido, habremos generado una nueva sociedad. 

Por Gregorio Saavedera, Gerente General de TECHO Guatemala; @Goyo_Saavedra; https://facebook.com/TECHOguatemala

03 de febrero de 2014, 01:02

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