En busca del cosquilleo torácico en Cobán

El medio maratón de Cobán convoca a "runners" de todo el país. Durante tres días, "La ciudad imperial" vive para la carrera. (Foto: archivo Nuestro Diario).

El medio maratón de Cobán convoca a "runners" de todo el país. Durante tres días, "La ciudad imperial" vive para la carrera. (Foto: archivo Nuestro Diario).

Mi amigo Madrigal, el de las 20 maratones, ya me había advertido de la catástrofe: una semana de inactividad basta para perder 10% de la condición física y si se persiste en ese recorrido de la silla a la cama al sofá por más de un mes, el deterioro se acelera y volver a la rutina del ejercicio se dificulta.

He tenido muy presentes esos números en los últimos 7 meses durante los cuales el trabajo me ha obligado a alejarme de la comunidad de “locos” corredores.

Según un estudio publicado en Runner´s World, los descansos prolongados no logran destruir la totalidad de la condición física si ésta se adquirió a lo largo de varios meses
Dina Fernández
, columnista

La primera probadita del descalabro aeróbico la tomé en enero, poco antes de la Max Tott, cuando sobrada de mí misma intenté hacer un entreno de montaña y lo terminé cual primeriza, con la arteria carótida palpitando como ratón y la amarga certeza de que no hay gloria que dure para siempre.

No importa cuánto sudor se haya derramado: sin trabajo, sin constancia, lo que costó tanto construir se esfuma de una bocanada.

Ese día me prometí retomar la rutina pero el arrojo no me duró ni dos semanas. Puedo darles mil excusas, pero la verdad es que este año mi maratón es de otro tipo y hay que ajustar las metas. En el asfalto no habrá objetivos de cronómetro, sólo empezar de nuevo y si acaso, terminar 21k con dignidad, es decir de pie, no en la camilla de alguna ambulancia.

Con algunos de mis compañeros corredores, después de la Max Tott de 2012. Yo terminé esa media maratón con pulmones trepanados. (Foto: Raúl Sosa/Maratón Guate).
Con algunos de mis compañeros corredores, después de la Max Tott de 2012. Yo terminé esa media maratón con pulmones trepanados. (Foto: Raúl Sosa/Maratón Guate).

Esa realidad la tuve que aceptar la semana pasada, cuando ¡por fin! logré cumplirle a mis amigos y aparecerme a las 5 am en el punto convenido, en vez de enviar una abochornada disculpa por whatsapp.

Como todavía tengo ínfulas, pensé que podía correr con ellos sin siquiera preguntarme acerca de mi capacidad aeróbica. ¿7, 8 kilómetros? ¿10? Chísgüís.

Comenzamos con una vuelta a las Conchas y otra por la zona 14 a un paso relajado. Luego enfilamos por las Américas. Al llegar al Obelisco, pensé con alivio que daríamos la media vuelta frente al monumento. ¿Un poco más? Claro, respondí, pensando que tan solo rodearíamos la plaza.

Cuando seguimos hacia la Reforma ví la ciclovía con horror. ¿No me digan que vamos a los Toros?

Por ventura nos detuvimos frente a la silla de don Lencho Montúfar y ahí pedí pelo.  Regresamos entonces, por mi absoluta condición de cleta.  Gracias a Dios, por cierto, porque cuando subimos por la calle de San Judas Tadeo a paso de remate, iba otra vez con el pulso de un roedor perseguido con escoba.

Como soy llevadita por mal, esa misma mañana confirmé mi reservación a Cobán.

Me anima un estudio en Runner´s World según el cual los descansos prolongados no logran destruir la totalidad de la condición física si ésta se adquirió a lo largo de varios meses.

Sobre ese resquicio de esperanza compré mi número el sábado y hablé con el coach Andrés Fonseca para pedirle un plan de emergencia, sabida de que iré despacio, que tendré que comenzar casi de cero y que el tiro será concentrarse en disfrutar.

La primera vez que hice el recorrido completo de la Max Tott, allá por el 2011, terminé con una sensación peculiar en el pecho, como si me hubieran picado con alfileres los pulmones.  Me pasaba lo mismo cada vez que me iniciaba en un terreno nuevo y difícil: sentía que me habían trepanado los bronquios. Amaba ese cosquilleo que me recorría toda la caja torácica, pero a medida que fui acostumbrando a las largadas en montaña, la sensación desapareció. 

En la línea de salida de la media maratón de Cobán. El ambiente de esa carrera es incomparable.
En la línea de salida de la media maratón de Cobán. El ambiente de esa carrera es incomparable.

Ahora, parte de lo que me hace ilusión de volver a Cobán es eso: sentir cómo se me hinchan las venas y me cubre de nuevo la humedad de la Verapaz y saber que al dar la vuelta en Carchá sin duda tendré reventados los alveolos. 

 

23 de marzo de 2014, 19:03

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