Cómo pasar de la polarización al debate

Los guatemaltecos demostramos que sabemos reconocer los objetivos comunes. Aquí, una manifestante se abraza con la PNC en el Congreso durante las protestas del 2015. (Foto: Wilder López/Soy502)

Los guatemaltecos demostramos que sabemos reconocer los objetivos comunes. Aquí, una manifestante se abraza con la PNC en el Congreso durante las protestas del 2015. (Foto: Wilder López/Soy502)

Hace apenas 50 años realmente existió una guerra ideológica a nivel mundial.

Esta fue la batalla entre el comunismo de Stalin, Khrushchev, Castro y demás aliados de la Unión Soviética, y el capitalismo de Truman, Kennedy, Reagan, Thatcher y sus aliados de la OTAN. Aunque dicha guerra fue fría en el contexto global, a nivel local se dieron varios conflictos sangrientos. Centro América fue una de las regiones más afectadas.

La pugna global terminó con la caída del muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética. Sin embargo, en Guatemala pareciera que nos estancamos en los discursos arcaicos de esa época y no nos dimos cuenta que el mundo ya evolucionó. 

Existen actualmente líneas de pensamiento que trascendieron de ese origen conflictivo, pero ahora se enfocan en el debate razonable entre el rol y tamaño del gobierno versus la libertad del individuo y del mercado, para atender los temas que se requieren para vivir en sociedad.

Seguimos teniendo algunas posiciones extremas. En un lado están los que consideran que se debe repartir toda la riqueza existente y que el gobierno regule todas las actividades y provea todos los servicios requeridos. Por otro lado, están los que creen que los gobiernos deben existir en su mínima expresión y que “la mano invisible” del mercado resolverá todos los problemas y necesidades. 

Como en muchos casos, los extremos suelen no funcionar o ser viables. En medio de estos polos opuestos, se concentra la gran mayoría que entiende que debe existir un gobierno con capacidades y recursos para proveer ciertos servicios, para jugar un rol subsidiario con los segmentos más desprotegidos de la población, y para regular ciertas actividades incluyendo aquellas que atañen a bienes públicos o comunes. A la vez, se debe facilitar que las fuerzas creativas e innovadoras del mercado puedan generar más y mejores oportunidades y así crecer el tamaño del pastel. Si nos circunscribimos a esta discusión, deberíamos ser capaces de tener debates sanos y propositivos sobre la mejor forma de resolver desafíos como la desnutrición, la calidad educativa, cobertura de servicios de salud, infraestructura, entre otros.

Estamos viviendo en Guatemala un ambiente tenso, en el cual a diario se lanzan insultos de “izquierdista” o “capitalista” de una manera casi caricaturesca. Si yo apoyo la lucha contra la corrupción, entonces debo ser izquierdista, pero si apoyo modelos público-privados para resolver la crisis de infraestructura, eso me convierte en capitalista explotador.

Debemos evitar estos ataques simplistas y prejuiciosos, y así poder enfocarnos en propuestas y debates constructivos. Esta será la única forma que como sociedad logremos darle respuesta tangible y viable a nuestros problemas reales.

Trabajemos juntos para visualizar un futuro compartido en el que todos los guatemaltecos podamos vivir mejor y así lograremos evitar que la polarización nos gane la partida.  

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26 de febrero de 2018, 15:02

*Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad de su autor, no de Soy502
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