"Esa mujer desagradable" y otros horrores

Trump la llamó "desagradable". Las feministas respondieron apropiándose con orgullo del calificativo. (Foto: EFE)

Trump la llamó "desagradable". Las feministas respondieron apropiándose con orgullo del calificativo. (Foto: EFE)

Horas después de que miles de mujeres en toda Latinoamérica salieran a las calles bajo la consigna #NiunaMenos, desfilando en manifestaciones pacíficas enfocadas a  visibilizar la violencia en contra del género, el candidato presidencial en Estados Unidos, en un arranque de furia, llamaba a su contendiente, Hillary Clinton, “esa mujer desagradable”.

El comentario, pronunciado casi al final del tercero (y afortunadamente) último debate entre ambos, quedó eclipsado por lo que, para la audiencia y los analistas era lo más escandaloso: que Donald Trump dijera, ese 19 de octubre, que “dejaba en suspenso” si aceptaba o no los resultados de las elecciones del 8 de noviembre, desafiando una tradición democrática que data del nacimiento de esa nación. 

Las posibilidades de que Trump gane en un par de semanas son cada vez más remotas. Sitios que proyectan resultados y promedian los sondeos efectuados en cada distrito (importante recordar que en Estados Unidos el número que importa es el de colegios electorales que se adjudique uno y otro y no el de votos recibidos) calculan que  la candidata demócrata tiene una oportunidad de triunfo que oscila entre un 86 por ciento (www.fivethirtyeight.com) y un 93 por ciento (www.nytimes.com) e incluso, cifran como muy probable que el partido Demócrata retome el control del Senado.

Sin embargo, lo que han reflejado los últimos días, tanto en Estados Unidos como en el resto de Latinoamérica, es que las mujeres tenemos todavía un largo camino que recorrer.

Aún es preciso salir en masa y hacer conciencia en protestas que denuncien la violencia de la que somos objeto, tanto verbal como física. En algunos persiste la idea de que las mujeres son quienes provocan a sus agresores. Este año, una diputada oficialista, Patricia Sandoval, presentó una iniciativa para reformar la ley contra el feminicidio, solicitando que se otorgue libertad provisional cuando un hombre sea denunciado por primera vez, a menos de que sea sorprendido “en flagrancia”. No tengo ni idea de qué puede implicar esto último porque la mayoría de víctimas de violencia de género ni siquiera están conscientes de que es un delito que su pareja les pegue, humille o abuse de ellas y viven aterrorizadas creyendo que se lo merecen. 

En abril de este año, la Organización de Naciones Unidas alertó que 14 de los 25 países con mayores índices de feminicidio están en Latinoamérica. Guatemala, por supuesto, está al tope de la lista. En Argentina, donde germinó la idea de las protestas #NiunaMenos después de horrendos asesinatos (el más recientes, el de Lucía Pérez, de 16 años) una mujer es asesinada cada 30 horas. En Brasil la violencia de género deja 13 muertas al día. ¿Lo más dramático? El 98 por ciento de los crímenes siguen impunes.

Así que no, no está bien que en una contienda electoral un candidato llame a su rival “esa mujer desagradable”. La frase insulta y agrede. Contribuye con todo tipo de estereotipos. Trump jamás le hubiese dicho semejante cosa a Bill Clinton. No está bien que las que alcanzan por méritos propios puestos de poder sean medidas con una vara distinta a sus contrapartes hombres, como sigue sucediendo. Son millones las mujeres que en esta región no tienen voz. Son millones las que creen que sus parejas (o su círculo familiar más cercano o sus jefes) tienen todo el derecho de tratarlas como si fueran desechables. No más insultos. No más agresiones. #NiunaMenos 

21 de octubre de 2016, 14:10

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