La escalofriante confesión del asesino de los niños de San Juan

Juan Pedro Mejía confesó haber asesinado a sangre fría a dos niños para vengarse por un terreno. (Foto: Tomada de Video de Guatevisión)

Juan Pedro Mejía confesó haber asesinado a sangre fría a dos niños para vengarse por un terreno. (Foto: Tomada de Video de Guatevisión)

Degolló a los dos niños como si hubieran sido animalitos: a sangre fría, sin lástima, sin pensar que eran personas indefensas que comenzaban a vivir.

Los atalayó cuando iban camino a la escuela, en San Juan Sacatepéquez, y los asesinó con un cuchillo. Hay algo siniestro en la forma en que los emboscó, justo cuando los pequeños se dirigían a estudiar, a prepararse para la vida. 

Ya muertos, los metió en dos costales y los dejó tirados a la orilla de la carretera a San Raymundo, como otros dejan la basura, en las afueras del pueblo.

Así lo confesó ante las cámaras de Guatevisión Juan Pedro Mejía, uno de los cuatro detenidos por el secuestro y asesinato atroz de dos niños, Oscar Armando Top Cotzajay, de 11 años, y Carlos Daniel Xiquin Tzoc, de 9, ocurrido en febrero de este año.  

“Nosotros no somos asesinos ni secuestradores, somos comerciantes”, dijo sin asomo de remordimiento Pedro Mejía. “Pero sí mataron a los niños?”, le pregunta la periodista. “Lamentablemente sí, pero por el terreno”, indica el hombre, como si aquello fuera una excusa, una justificación válida.

Luego, Pedro Mejía añade: “Yo no quise torturar a los niños, no los torturé, les di una muerte rápida”.

Habrá que ver si por lo menos es cierto que los mató así, tratando de minimizar el sufrimiento, o si también mintió, porque los reportes iniciales de la Policía indicaron que los cuerpos de ambos niños mostraban señales de violencia.

Ya sea que la confesión de Pedro Mejía concuerde con la evidencia pericial o no, su declaración espanta: por la serenidad con la que narra los hechos y por su absoluta incapacidad de sentir empatía con los niños que mató o sus familias.

El hombre pareciera creer que matar por venganza es una acción que pertenece al orden natural. No le importó pero ni una pizca que los niños fueran ajenos a ese problema, que no tuvieran culpa alguna en un pleito de adultos. "No nos quedó de otra", le dice, plañidero a la reportera, como si matar ¡a niños! fuera no solo una solución tolerable, sino la única posible.

Con esa lógica delirante, y manipuladora, Pedro Mejía piensa que vamos a comprender que él tenía que matar a esos niños para castigar a sus padres. Que la situación lo acorraló, lo obligó. Quizá este hombre asume que en esta sociedad que se la pasa clamando por todo tipo de venganzas, la violencia es una consecuencia admisible cuando responde a un agravio.

Se equivoca Pedro Mejía y tendrá largos años en prisión para meditarlo, junto a sus cómplices.

 

 

Mientras tanto, es de felicitar al equipo de la Policía que atrapó a esta banda  y la llevará a tribunales. 

Sin embargo, cabe señalar que ni las fuerzas policiales mejor entrenadas del mundo podrán mejorar los niveles de violencia que padecemos, si seguimos nutriendo una sociedad lisiada moralmente, donde las personas se han vuelto incapaces de reconocer el bien del mal, donde hay asesinos que le recuerdan al “Extranjero” de Camus, en cuya cabeza cabe suponer que está permitido matar –incluso a niños—por venganza.

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31 de julio de 2017, 05:07

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