Eso de mantener las cosas como están, ¡se acabó!

Volver al status quo de la corrupción, ¡se acabó! (Foto: Archivo/Soy502)

Volver al status quo de la corrupción, ¡se acabó! (Foto: Archivo/Soy502)

Me asombra el cinismo insuperable de quien ocupa la Presidencia, la soberbia y estupidez infinitas de los diputados y la ceguera o terquedad absurdas de quienes aún cuestionan la necesidad de continuar implacablemente la lucha contra la impunidad y la corrupción. 

Los casos de alto impacto que recién presentaron el MP y CICIG afectan una vez más a varios grupos de poder. Los gastos de lujo del presidente Morales y su infame manera de rendirnos cuentas porque los pillaron en tiempo real, me hacen pensar en el Infierno de La Divina Comedia del poeta italiano Dante Alighieri. 

En esa obra, Dante describe a los políticos corruptos, inmersos en brea hirviente, que representa con los dedos sucios, parapetados en los oscuros secretos de sus tratos inconfesables.

El chapín "vivo", el "pilas", el "oportunista", el "transa" estuvo de moda. Así se hicieron millonarios muchos, que entraron al gobierno con hoyos en las suelas y salieron con yates, casas en la playa y cuentas en Antigua & Barbuda (conozco a varios). 

La “viveza criolla”, pero la positiva, de los chapines también es impresionante.  Conozco a muchos y lo digo con orgullo: somos rápidos para identificar oportunidades, trabajadores, comerciantes por naturaleza. Nuestra diversidad nos hace ricos de entrada y nuestra geografía y ubicación, nos pone adelante del resto de países del sur. 

Podríamos decir que son dos las generaciones en las cuales nacieron y se multiplicaron los responsables de podrir y hacer colapsar el ecosistema Estado-Empresas-Sociedad. Fueron “vivos”, “pilas”, “linces”, sí, pero para robarnos de todo, socavando las bases de esta sociedad por demás “conservadora”. 

Esa "viveza" tan estúpida, personificada por la dirigencia política, ha generado subproductos humanos: oportunistas, vividores, privilegiados a sueldo y “socios” en otras esferas empresariales. Alimentó una inequidad social que, si bien existió siempre, nunca fue tan abismal como en las últimas dos décadas. 

No hay nada más seguro y constante que los cambios. Sin embargo, no siempre sabemos cómo responder a ellos, y en este caso como sociedad, esos castillos de naipes que están cayendo ante nuestro infinito asombro, nos obligan a asumir que los cambios son positivos, así sean difíciles de asimilar, porque nos sacan abruptamente de nuestra zona de comodidad. 

Aunque se resistan algunos grupos de poder, eso de mantener las cosas como han estado y volver al status quo de la corrupción, ¡se acabó! 

29 de enero de 2018, 17:01

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