De espaldas a nosotros

Los diputados no celebraron sesión, otra vez, para evitar conocer las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos. Así se burlan del pueblo dos legisladores en el fallido cónclave. (Foto: Wilder López/Soy502)

Los diputados no celebraron sesión, otra vez, para evitar conocer las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos. Así se burlan del pueblo dos legisladores en el fallido cónclave. (Foto: Wilder López/Soy502)

Día nuevo, nuevo fiasco. Los diputados “oficialistas”, y con ello me refiero a los naranjas y a los rojos por igual, están dispuestos a darle batalla a una ciudadanía que clama por cambios en el sistema desde hace meses. Una ciudadanía que tiene claro que muchos de estos podrían iniciarse reformando la ley electoral y de partidos políticos. La consigna parece ser un “aquí las cosas se quedan igual porque somos mayoría parlamentaria y punto”.  Las reformas no van porque no van. Así, sin más.

Los guatemaltecos, entretanto, seguimos clamando en las calles y pagando puntualmente nuestros impuestos. Tributos que, a su vez,  se traducen en salarios. Sueldos que llegan sin falta a los bolsillos de legisladores que han decidido ausentarse del hemiciclo, o llegar unos minutos y salirse del pleno “por razones personales”. Es decepcionante el espectáculo que están dando. Lamentable. Y sobre todo injusto, porque no merecen llamarse “dignatarios de la nación” o “representantes del pueblo”, si deciden darnos la espalda de manera tan absurda y flagrante.

En estos días inciertos en los que abundan las voces que se pronuncian para que se retrasen unas elecciones que cada vez se perciben como menos legítimas, mucha de la atención se concentra en los candidatos a presidente. Pero para el mandatario que venga será harto difícil gobernar, a menos de que sea el dueño completo de la aplanadora rojinaranja, la cual, con las reglas del juego como están, tiene casi garantizada aquello de “cuatro años más”.

Este, sin embargo, no es el Congreso que nos merecemos. Ni por el que votamos. En 2012 llevamos al Legislativo a 90 caras nuevas, con la esperanza de que las mecánicas establecidas empezaran a cambiar. En aquel momento se habló de ‘nuevos aires’ y de ‘bocanadas de frescura’. Pero éstas duraron menos que un suspiro. Se prolongaron justo el tiempo que le tomó a las estructuras de siempre llevar a esos vientos directo hacia sus molinos.

¿Cómo evitar que esto vuelva a ocurrir, si “la condena” de ir a las urnas se cumple? Diputados buenos hay; simplemente no son la mayoría. La respuesta es sencilla. El voto, con todo y todo, sigue siendo una herramienta poderosa. Y quizá más que escudriñar el cartón de lotería con 28 rostros, haya algo que resulte aun más importante: hablo de investigar las otras boletas que nos pondrán enfrente el 6 de septiembre. No permitamos que nos sigan dando la espalda hasta 2020. 

06 de agosto de 2015, 22:08

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