#EstoApenasEmpieza: Agenda de lo que se viene

Esa ciudadanía que despertó sorprende por su audacia, por su tenacidad, por su coraje. Porque no se rinde.

Cuando estalló el escándalo de La Línea, pudo suceder lo mismo que ví ocurrir una y otra vez, sistemáticamente, durante veinte años, cuando salía a luz un caso abominable de corrupción.  Pudimos responder con indiferencia, viendo hacia otro lado, dejando pasar.

Y sin embargo, colmamos la Plaza y las calles y no sólo una vez, sino que por más de 20 semanas seguidas, hasta que los responsables, en especial los más altos responsables, el general Otto Pérez Molina y su compañera, Roxana Baldetti, se vieron obligados a dejar la Presidencia.

Cuando le llegó el turno de actuar al Congreso, cuando había que identificar qué diputados estaban y quiénes votaban, la gente no dio media vuelta, abrumada por los laberínticos procesos legislativos.

Al contrario, se presentó a las puertas del Parlamento y exigió sus 105 votos. No se dejó amedrentar por las turbas ni por los garrotes. Los apartó suavemente, ofreciendo rosas blancas.

Cuando se divulgó la investigación de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, CICIG, pudimos hacer lo de siempre: alzar las cejas y crujir los dientes, como si saber el origen oscuro del financiamiento de los partidos políticos no fuera un asunto de nuestra incumbencia.

Pero no dejamos caer la información en saco rato. Pese a que las condiciones no eran ideales, nos presentamos a las urnas, sabiendo que no había dado tiempo de depurar las listas de candidatos. Y elegimos como si hubiéramos estudiado Los Discursos sobre la primera década de Tito Livio, conscientes de que nuestra alternativa era minimizar el daño y usar las herramientas de la democracia.

Todos los paradigmas con los que contaban los políticos tradicionales – el control del dinero, las campañas de marketing, la repetición hueca de discursos vacíos amenizados con pasos de salsa, el miedo de los ciudadanos, su apatía—explotaron en mil pedazos.

Como me dijo una amiga en la madrugada de los comicios, este es un nuevo mundo.

Pero el trabajo apenas empieza. Lo dijo Jefferson: “El precio de la libertad es la eterna vigilancia”.

A quien elijamos para la presidencia, no es el tema medular. Las decisiones más importantes, la llave de un auténtico proceso de cambio en nuestro país, están en las manos de los legisladores y ellos ya están electos.

En lo inmediato, tenemos un primer reto. Manuel Baldizón, ya lo dijo en uno de los audios filtrados: los diputados salientes intentarán tomar al nuevo gobierno de rehén por medio del presupuesto que debe aprobarse en las próximas semanas.

Saliendo de eso, habrá que meter presión para evitar que la elección de Corte de Constitucionalidad no se convierta en la debacle asquerosa que fue la toma de las Cortes, el año pasado.  Tal vez ahora ya entendemos por qué es crucial no perder la independencia del sistema de justicia.

A mediano plazo, los desafíos siguen siendo los que el movimiento ciudadano identificó al inicio: 1. Una reforma electoral genuina, que establezca controles reales sobre el financiamiento; 2. Mejores controles en la ley de compras y contrataciones; 3. Una ley de servicio civil que garantice el profesionalismo de los cuadros de la administración; 4. El fortalecimiento de la justicia, en especial de la carrera judicial, para evitar que los políticos de turno copen las cortes con sus compadres para garantizar impunidad.

Con eso ya hay para entretenerse.  Unirse para construir, para proponer, es más difícil que para gritar “¡fuera!”.

Es el siguiente paso, el de gigante, y todos juntos, debemos calzarnos las botas de siete leguas y dar la talla.

13 de septiembre de 2015, 14:09

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