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El abogado del presidente Otto Pérez, César Calderón, presenta el informe a la Comisión Pesquisidora. (Foto: Jesús Alfonso/Soy502)

El abogado del presidente Otto Pérez, César Calderón, presenta el informe a la Comisión Pesquisidora. (Foto: Jesús Alfonso/Soy502)

Los diputados al Congreso de la República tienen en sus manos una decisión histórica: de ellos depende que Otto Pérez Molina pierda su inmunidad y enfrente a la justicia, como lo han exigido ya de viva voz y en las calles decenas de miles de guatemaltecos.

Esta ha sido la peor Legislatura de nuestra historia democrática. Los diputados se la han pasado de vacaciones durante casi cuatro años. Muchos de ellos, y sobre todo los que tienen mayor poder de decisión, acuden al Congreso sólo a gestionar sus negocios o a “transar” votos.

Esos diputados haraganes y vendidos que se la han pasado rascándose los que les faltan para tomar decisiones, sí han recibido puntualmente su salario y además se han hecho negocios asquerosos: cobran extorsiones, sobornos y comisiones, además de asignarse jugosos contratos de obra pública.

El Congreso debe acatar las conclusiones de la Comisión Pesquisidora del Congreso que ya cumplió con su tarea, gracias a la presión de la bancada de Encuentro por Guatemala, encabezada por Nineth Montenegro.

Ante las gravísimas acusaciones de corrupción que pesan contra la ex vicepresidenta Roxana Baldetti y el cadáver político en el que se ha convertido Otto Pérez Molina, la sociedad de Guatemala se ha conducido de manera ejemplar.

Los guatemaltecos han demostrado con movilizaciones sin parangón en la historia que no están dispuestos a tolerar más impunidad ni burlas de los funcionarios que han sido electos para SERVIR, no para robar. Esta sociedad no está para oir excusas y EXIGE, óiganlo bien, EXIGE justicia.

A Guatemala se le acabó la paciencia. Demasiado ha aguantado la sociedad con la boca callada. Ahora, tras 30 años de abusos continuados, ordena que los funcionarios respondan como se espera de ellos: a favor del interés de la población, no de la clica de ladrones y contrabandistas que operaba desde Casa Presidencial. 

A los diputados les consta que los guatemaltecos no están ya para juegos, para engaños ni mucho menos para aguantar pretextos estúpidos.

Mucho ha hecho la ciudadanía limitando la desobediencia civil a demostraciones pacíficas.

El Congreso se lanza a un juego muy peligroso si sigue en las mismas, negándose a atender las demandas de la población.

En los últimos días hemos visto cómo los guatemaltecos han logrado hitos impensables. Sin autorización de la patronal, organizaron un paro nacional que congeló  buena parte de la actividad productiva en medio de una semana laboral.

Los pacientes del Hospital donde pretendía refugiarse Baldetti por poco arman una insurrección en los pasillos del sanatorio, para exigir que la mujer fuera entregada a las autoridades.

Los pasajeros del vuelo en donde el ex ministro de Gobernación, Mauricio López Bonilla, salió del país con rumbo a Panamá también armaron trifulca y por poco evitan que el avión despegara, porque a grito pelado exigían que el ex funcionario se quedara en tierra.

Los ánimos, lejos de calmarse, se están caldeando. Y hay razón en ello. Los diputados saben que han abusado y que se han burlado de la sociedad.  La insolencia de la corrupción ha sido mucha.

Hoy, lo mejor que pueden hacer, es enmendar la plana, aunque sea por esta vez, y retirarle la inmunidad a quien juró defender el marco legal de Guatemala y solo lo usó para saquear el tesoro público.

Lo que les queda a los congresistas que todavía quieran salvarse de la vindicta popular, es manifestar de manera muy pública y muy evidente que van a actuar a favor de la justicia y que van a presionar a sus colegas para que no le sirvan de tapadera a Pérez Molina.

Es lo que les queda, porque la ciudadanía está atenta y tomando lista.

31 de agosto de 2015, 07:08

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