El presidente debe explicar a quién exoneró de multas fiscales

El presidente Jimmy Morales debe explicar a quién exoneró de multas fiscales. (Foto: Wilder López/Soy502).

El presidente Jimmy Morales debe explicar a quién exoneró de multas fiscales. (Foto: Wilder López/Soy502).

El presidente Jimmy Morales se acaba de anotar una contradicción más.

Si en algo había sido consistente su administración, era en declararle la guerra a los evasores fiscales.

Nadie podía regatearle que este gobierno le levantó el perfil a la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT), para que la entidad volviera a cumplir su rol de recaudación. Todo ese esfuerzo, lo acaba de empañar Morales, al exonerar a 219 contribuyentes que le debían a la Hacienda Pública multas e intereses.

Así empezó: Presidente evalúa exonerar de multas fiscales a morosos

Ver los titulares con la noticia de esta exoneración le amargó el desayuno a los ciudadanos responsables que sí cumplen con sus obligaciones a tiempo. ¿Qué premio va a darle Jimmy a los contribuyentes cabales por mantener vivas las chequeras del Estado? ¿Y qué corona tienen los 219 morosos --donde no deben faltar los aprovechados y los ladrones-- para que los traten de manera especial? ¿Por qué el mandatario, como si fuera un rey, puede decidir a quién le cobra estas sanciones económicas y a quién no?

A manera de excusa, Morales indicó que la empresa relacionada con los problemas legales de su hermano y su hijo, Fulanos y Menganos, no fue exonerada. En eso, comparte suerte con otros 111 contribuyentes que pidieron el beneficio, pero no lo consiguieron.

Menos mal que Morales no le hizo ese favor a su amiguete, Othmar Sánchez, el parlamentario dueño de Fulanos y Menganos, el restaurante de churrascos donde el partido oficial, FCN Nación, realizó sus eventos en campaña. ¡Eso hubiera sido el colmo!

Pero abstenerse de beneficiar a la empresa de Sánchez, no justifica las otras 219 exoneraciones que sí promulgó Morales. Antes de escribir esta nota, hablé con funcionarios de la SAT y Presidencia, quienes de manera muy leal con Morales, me indicaron que era una facultad del presidente alcahuetear a los morosos tributarios (quitar impuestos es facultad exclusiva del Congreso) y que todos los presidentes la habían ejercido con anterioridad.

Claro, la Constitución tiene fallos (por eso hay que reformarla) y los anteriores presidentes vaya si abusaron de su capacidad de errar. Esa no es excusa.

No sé cómo defiendan la decisión, pero mucho me temo que ha sido un error histórico otorgar exoneraciones fiscales, porque esa práctica seguramente erosiona la moral tributaria, además de perpetuar la lógica clientelar y el "amiguismo" en el ejercicio del poder.

Es fatal esa cultura política donde quien se siente cercano al poder está convencido de que puede obtener favores. A eso hay que ponerle fin de manera contundente. 

Y añadamos esto: aquí también el presidente está dañando la moral de sus propios funcionarios. ¿De qué vale todo el discurso de rescate de la SAT si el propio presidente de un plumazo exonera a 219 personas que tuvieron a bien no cumplir? 

El presidente le debe una explicación a los guatemaltecos. Ante todo, es injustificable que la Secretaría General se niegue a proporcionar la lista de los exonerados, porque es importante entender a quién le extendió beneficios este gobierno.

Después del caso Cooptación del Estado, resulta lógico que tengamos interés por comprender a quién le facilitó semejantes beneficios el gobierno. ¿Son personas al azar, que hicieron uso del simple derecho de petición? ¿O acaso hay financistas de campaña, padrinos políticos, diputados, sindicalistas o agentes de grandes intereses? 

El público también merece saber cuánto suman estas exoneraciones. El extitular de la SAT, Miguel Gutiérrez, le dijo a elPeriódico que estas exenciones podían alcanzar hasta 500 millones de quetzales. Si el presidente se puso dadivoso, tenemos que entender hasta qué punto. Porque es muy injusto que contra unos la SAT se lance sin piedad, al hueso, y a otros los trate con guantes de seda.

Finalmente, resulta vital que el mandatario le dé la cara también al propio personal de la SAT. A nivel institucional y personal, ha expuesto a esos funcionarios a enormes batallas. ¿Qué tan frustrados se pueden sentir, si al más alto nivel, el propio presidente les socava el trabajo?

En resumidas cuentas, eso de repartir beneficios no es así nomás. Si el presidente pensó que solo era de quedar bien y olvidar, se equivocaba. De estos "regalitos" también se entregan cuentas.

25 de noviembre de 2016, 08:11

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