Fernando Linares y el derecho a decir burradas

El polémico diputado accionó ante el Ministerio Público. (Foto: Archivo/Soy502)

El polémico diputado accionó ante el Ministerio Público. (Foto: Archivo/Soy502)

La Corte Suprema de Justicia le dio trámite a un antejuicio en contra del diputado Fernando Linares, por decir que las personas con discapacidad “solo son un gasto para el país”.

El diputado Linares tiene una estrategia muy efectiva –-y desvergonzada-- para llamar la atención en el Congreso. Hace cosas descabelladas, como blandir una pistola de plástico en el Hemiciclo o decir barbaridades que indignan, como su propuesta de construir el muro de Trump en nuestra frontera.

Hacer política así, promoviendo intereses abyectos con bufonadas, es despreciable.

Pese a ello, estoy convencida de que la libertad de expresión es un derecho fundamental y uno de los pilares de la democracia.

Y aunque moleste, la libertad de expresión también protege el derecho a escupir tonterías y disparar declaraciones que pueden resultar ofensivas. 

Claro que sería un alivio ahorrarse las idioteces de Linares y evitar así que dejara de sabotear, intrigar y forjar alianzas oscuras en el Congreso. Si lo quieren sacar, habría que pillarlo en alguna ilegalidad: pero una de verdad, que lo amerite.

¿Por qué vimos tan cercano a Linares del también diputado y Rasputín de Jimmy, Armando Melgar Padilla, a quien se involucra en un asesinato? ¿Es solo afinidad la de este abogado que fue penalista con la banda del Mariscal Zavala, o acaso tiene otro tipo de vínculo con esas mafias?

Cosas así, que uno ahora puede sospechar pero no afirmar, son las que justificarían un proceso judicial. Pero las burradas que Linares ametralla con la boca, no.

En Guatemala necesitamos defender principios, no arremeter contra personas por razones políticas. De hecho, si el proceso contra Linares prosperara, sería preocupante. Eso implicaría que en el futuro alguien con vena autoritaria también puede mermar nuestros derechos, si sentencia que nuestras palabras o actos le causan malestar.

No hace mucho, en Guatemala no existía la libertad de expresarse. La misma Constitución prohibía ciertas ideas políticas.

Si reclamamos libertad de pensamiento y expresión para nosotros, debemos permitirla para otros, en especial para aquellos con quienes disentimos.

Las ideas deben debatirse con argumentos sólidos. Una mala idea se descarta demostrando que es errada o inconveniente, no prohibiendo que alguien la enuncie.

A los políticos impresentables, hay que derrotarlos en las urnas: mostrando que son una facha. Es posible sacarlos de la arena pública por medio del juicio político, pero debe ser con acusaciones de peso y evidencia irrefutable: no declaraciones que por mal que caigan, pueden y deben rebatirse en el foro público. 

24 de abril de 2017, 05:04

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