La fina línea entre educar, corregir, disciplinar y agredir

Educar no es maltratar. (Foto: Shutterstock)

Educar no es maltratar. (Foto: Shutterstock)

No me sorprende que en Guatemala la bulla por las cosas que pasan a veces son “llamarada de tuza”. En algunos casos la mayoría es indiferente a lo que merece su atención y en otros, todos se vuelcan a hablar de un tema que ni cerca de nosotros sucede y al poco tiempo todos se callan y se les olvida.

Sin embargo, aquí pasan cosas que no deberían quedar en ese vacío recuerdo.

En cuestiones de crianza todos parecemos saber más que el otro. Ser papá y mamá nunca había sido tan difícil y complicado como en estos dorados tiempos, porque estamos expuestos públicamente a opiniones diversas, nos desnudamos ante un mundo donde nos inclinamos a juzgar sin conocer el contexto a través de los errores de los demás o incluso hasta subiendo una imagen en una red social, exponiendo detalles o pruebas directas de si lo que estamos haciendo está bien o mal.

La semana pasada llamó mi atención un caso puntual. No tengo que convertirme en experta en crianza para opinar: las pruebas hablan por sí solas.

Una mamá se mostraba en un vídeo maltratando física y verbalmente a su hijo de 4 años. Inmediatamente sentí la sensación de rechazo y repudio, no digamos frustración por estar del otro lado del vídeo, o incluso de impotencia por ver que la misma persona que tomaba el vídeo no hacía nada por detenerla.

Hace unas semanas, vimos opiniones dirigidas hacia la mamá de un chico, por un gorila que fue sacrificado. Sin embargo, aquí, sin ir muy lejos, pasan cosas horribles, lamentables y muchas han terminado en un final trágico, recuerdo el caso de Jennifer Vásquez Alquijay, a quien le dediqué una de mis columnas pasadas: una niña con una infancia interrumpida por su mamá también-.

Dentro de mí, los conceptos de “mamá” y “agresor” no logran coincidir en ninguna parte. Por muy enojadas que estemos con aquel hijo que rompió las reglas, que se portó mal, que cometió grandes errores, que se equivocó, o no obedeció…Hay una línea muy fina entre educar, corregir y agredir: aquella que solo el respeto puede detener entre la figura materna y su hijo.

El video que menciono anteriormente se hizo viral en las redes  sociales. Bastaron unos días para que las autoridades tomaran el control sobre el futuro de este niño que bajo ese estilo de crianza violenta y agresiva pudo haber terminado en las maras, misoginia, delincuencia, vicios, vagancia o vandalismo en sus próximos años. En un hogar en donde la figura materna es aquella que le hace pasar su peores momentos, la persona crecerá sin duda sin respeto a sí mismo, no entenderá de cariño ni el concepto de familia, aquellos seres “queridos” y cercanos que forman ésta.

Siendo mamá puedo pensar en la mamá del chico que se encontraba frente al gorila y en la mamá del chico de 4 años que era maltratado; dos historias diametralmente opuestas, juzgadas de la misma manera, cada una con causas y motivos diferentes bajo la luz pública.

Independientemente de quién sea o no culpable, creo que muchas veces no reparamos en que nuestros hijos son seres individuales, únicos e independientes que vienen al mundo a través de nosotros -su mamá-,  que sea cual sea la historia de cada familia, están bajo nuestra responsabilidad de crianza, no son artículos u objetos de dominio, son seres humanos como nosotras, están bajo nuestro cuidado haciéndose cada vez más público y expuesto a que alguien más juzgue. Mientras escribo esto pienso, si ese tipo de agresión quedó registrado frente a alguien a través de un video, no quiero pensar lo que sucedía cuando nadie los veía, detrás de la puerta.

Más que juzgar los hechos, hay que recordar la causa, el principio fundamental que muchas veces perdemos de vista en todo lo que sucede alrededor: el respeto por la vida en sí misma. Es como recordar a la mamá del chico frente al gorila, no se trata de ver quién es culpable, más o menos importante o responsable, si niño, gorila, mamá, zoológico… es el cuidado de ese principio fundamental, la vida en sí misma de ese niño ante una especie animal de gran amenaza. Así mismo, se trata de proteger la vida de ese niño de 4 años que estaba en las manos equivocadas -su mamá-, que probablemente esa mamá fue criada de esa manera también y que a pesar de eso, no se le quita la responsabilidad de sus hechos.

Hemos dejado atrás y antepuesto otras razones en el camino olvidando conceptos puros y fundamentales como los son la vida y el respeto, básicos, no tienen grado o magnitud, pudo haber error más grande o error más pequeño cuando nos referimos a nuestros actos, pero no podemos decir que hay vida más o menos importante cuando nos referimos al ser humano.

Ambos conceptos -vida y respeto- son únicos y relevantes en sí mismos, por esto, cuando estemos frente a nuestros hijos, recordemos estos principios fundamentales para criarlos como debemos y así ellos mismos valorarán la vida en sí misma y la de alguien más,  aprenderán a no ser indiferentes ante lo que pasa a su alrededor, se cuestionarán y muchas veces juzgarán también de acuerdo a cómo tú los has criado también.

15 de junio de 2016, 12:06

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