Generación de nadadoras olímpicas guatemaltecas para toda la vida

Los Juegos Olímpicos marcan la vida de los atletas, los hace cumplir un sueño y estar ahí, entre los mejores del planeta.

Unos minutos (dependiendo del deporte) puede durar la participación de un atleta en los Juegos, pero la marca se lleva para siempre. Así lo siente la nadadora guatemalteca, Valerie Gruest, quien decidió tatuarse los aros olímpicos en la espalda.

Además, los aros olímpicos tienen un significado muy especial para Valerie (la más joven de la delegación guatemalteca en Río), pues su mamá y entrenadora Karin Slowing y su tía, Melanie Slowing, también los tienen en la piel tras haber representado a la natación guatemalteca en los Juegos de Los Ángeles 1984 y Atenas 2004, respectivamente.

"Fue muy emotivo para mi llevar a Valerie en Río, para que se hiciera su tatuaje", escribió en las redes sociales, Karin.

Karin Slowing también compartió la anécdota que el día que Melanie (tía de Valerie) se hizo su tatuaje tras los Juegos de Atenas 2004, fue acompañada por ellas. Valerie sólo tenía cuatro años, pero le marcó la vida. De hecho, pidió uno. En ese momento y de forma graciosa le hicieron uno de gena.

A pesar de la edad, Valerie tiene un largo recorrido en la natación. En el último ciclo olímpico participó en los Centroamericanos 2013, Centroamericanos y del Caribe 2014, Panamericanos 2015 y en los Juegos Olímpicos 2016 (en las pruebas de 400 y 800 metros libres).

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"Tiene mucho que dar y lo hará, por la pasión que ella le pone", expresó Karin. 

En septiembre Valerie viajará a Chicago, Estados Unidos, donde se ganó una beca para estudiar y entrenar.

17 de agosto de 2016, 13:08

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