¡Por la gran diabla, las autoridades no tienen derecho a censurar!

La diabla rubia ya está de vuelta en la Fuente de las Delicias, en Antigua Guatemala, con la melena rubia que provocó el zafarrancho, la pierna cruzada con tacón de aguja y un hijo perdido en su regazo: el que salió a buscarla, el que clamó por su regreso y ahora sonríe como la encarnación del “hijuelagrandiabla” que se nos sale a cada rato.

Este 7 de diciembre, la diabla deberá padecer su destino: quedar reducida a cenizas, en medio de una hoguera feroz en la tradicional “Quema del Diablo” que celebran los antigüeños.

Eso sí, gracias a la intervención del Ministerio Público, la figura no perecerá, impúdica, con el pellejo colorado de los senos expuesto a las miradas indiscretas. Ahora la diabla lleva un brassiere negro, que le pintaron, cual femme fatale, para disimularle los pechos.

Como este año los antigüeños fabricaron a una diabla femenina, no un macho alfa del infierno, la fiscal de Sacatepéquez se ocupó de confiscarla, argumentando que la escultura de una rubia con cachos "denigraba a la mujer".

No, no es que esta diabla coincidentemente se pareciera a la alcaldesa de Antigua, Susana Asencio, quien según cuentan, montó en cólera cuando vio a la figura con pelo canche como el suyo, en el patíbulo de las Delicias.

Han repetido hasta la saciedad que el secuestro de la diabla no se debió a un ataque de servilismo de la fiscalía de Sacatepéquez y el Ministerio de Gobernación. Según ellos, lo que pasa es que de pronto les caló la teoría de género y sintieron unas ganas irreprimibles de proteger a una mujer y en lugar de comenzar con las de carne y hueso, lo hicieron "rescatando" a la escultura hecha para la hoguera del 7 de diciembre.

A ver si alguien en el infierno les cree esa canción. Al retirar a la diabla y “recomendar” que le cubrieran los pechos, lo único que lograron fue demostrar sus pocos escrúpulos para pisotear la Constitución y el derecho de los antigüeños a expresarse como bien les parezca, además de exhibir, sin pudor alguno, su vocación para arrastrarse ante el poder municipal.

¿Les ofendieron los pechos de la diabla? Entonces por qué no han mandado a quitar a las sirenas de la fuente del parque central de la Antigua, que desde hace siglos refrescan a los antigüeños, mostrando esos generosos senos de piedra de los que manan chorros de agua? 

Es inaceptable que, habiendo tanto problema en Antigua, el MP y Gobernación dediquen tiempo y recursos a quitar una diabla, por un berrinche de la alcaldesa, que al parecer, quisiera crear una policía para tutelar la moral y las buenas costumbres, pero las de los otros.

Hay aspectos criticables de la actividad que las autoridades bien podrían haber querido censurar. Por ejemplo, frente a la Fuente de las Delicias hay una gasolinera y la quema de una figura de grandes dimensiones, representa un peligro, pese a la presencia de los bomberos. ¿Qué medidas podrían tomar para mitigar los riesgos de daños reales? Podemos esperar sentados una respuesta: ese tipo de consideraciones nunca estuvieron en discusión.

Mientras la diabla arde en su hoguera, vamos a pedir que las llamas devoren también los ánimos de censura.

Los antigüeños tienen derecho a expresarse y hacer las figuras que se les antojen. Para criticar a la autoridad no hay que pedirle permiso a nadie. De hecho, fue la fiscalía la que podría ser acusada de delitos perseguibles al secuestrar la escultura y violentar los derechos de los antigüeños.

El MP y la Muni deben preocuparse por servir a la población, en vez de intentar disparates, como acallar la protesta social con lencería de tinta negra. 

05 de diciembre de 2016, 13:12

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