Guatemala merece más

Otto Pérez Molina llega a la sala de vistas de la Corte Suprema. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)

Otto Pérez Molina llega a la sala de vistas de la Corte Suprema. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)

Cuando hace un año, el Ministerio Público y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala empezaron a pintarnos el panorama de qué había ocurrido durante el régimen de Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti, sentí una profunda decepción.

No podía creer que, como país, hubiésemos confiado nuestro patrimonio en los supuestos cabecillas de una red de defraudación aduanera. Hoy, el caso La Línea, tal y como se dijo en su momento, pinta como la “caja chica” con la que operaba una mafia incapaz de establecerse límites.

Lo confieso: a duras penas logro comprender cuánto dinero llegó a reunir el binomio presidencial y su círculo cercano. He perdido la cuenta del número de casas, carros, yates, fincas, o motos que acumularon durante los casi cuatro años de régimen. Son millones en extinción de dominio. Y aunque estamos apenas en las primeras fases de los distintos procesos y los tribunales tendrán la última palabra sobre si hubo o no desfalco al Estado, no pueden borrarse por arte de magia todas las casas, carros, yates, viajes, fincas o motos adquiridas.

Me aterra pensar que hubiese pasado con Guatemala si Thelma Aldana, Iván Velásquez y los equipos que lideran no se hubiesen interpuesto en el camino del gobierno patriota y estos hubieran entregado, como si nada, la banda presidencial el 14 de enero de 2016. El guión escrito por Pérez y Baldetti no contemplaba cambios a medio camino.

Por ello, y por la cantidad de personas, entidades y mafias que se han visto afectadas por el caso #CooptacióndelEstado, no me extraña lo que hemos vivido los últimos días, en los que conceptos como “soberanía” o  “presunción de inocencia” pretenden ser manejados al antojo de quienes no desean perder la tajada del pastel que les brindaba el sistema tal como lo conocíamos.

Tampoco me asombra que se ataque directamente a la Fiscal General porque, previo a destaparse estos casos, se haya reunido con la persona de confianza de la que en ese momento era la vicepresidenta de la República. Y es que jamás creí que todos los implicados en estos casos bajarían la cabeza, admitirían humildemente sus errores, y pedirían perdón a Guatemala. Para nada. Es mucho lo que arriesgaron. Es demasiado lo que podrían perder.  Este proceso, en definitiva #ApenasEmpieza.

Hay miedo, de ese que no se apaciagua fácilmente. Se hará todo lo posible por minimizar las pérdidas. Por recuperar lo perdido, o al menos parte de ello. Por superar este obstáculo y volver a las andadas.

Pero Guatemala merece más que ser gobernada por personas capaces de contratar a empleados públicos para hacerles los deberes a sus hijos. Guatemala merece más que cooperachas para agasajar a mandatarios. Guatemala merece más que ser saqueada y que sus niños mueran de hambre o sus hospitales no cuenten ni con aspirinas.

Guatemala merece mucho, mucho más. Y este es el momento para pagar las deudas históricas que tenemos con esta nación nuestra. 

22 de junio de 2016, 18:06

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