Réquiem por el pastor de cabras

Los rebaños de cabras son la última vereda del campo que queda en la ciudad. (Foto: Alejandro Balán)

Los rebaños de cabras son la última vereda del campo que queda en la ciudad. (Foto: Alejandro Balán)

Quedan muy pocas cosas silvestres en esta ciudad. Queda muy poco rastro de la vida espontánea en estas calles.

Murió el pastor de cabras, don Carlos Ramírez. Murió atropellado por un camión que huyó luego del, cómo podríamos llamarle, ¿accidente?, ¿homicidio?, ¿altercado? Don Carlos está muerto y cuentan los testigos que quienes primero lo sintieron fueron las cabras.

La imagen: un cuerpo tirado en el suelo, quizá convulsionando, paralizado, yéndose, muriendo en una esquina de la zona 5, y ante él, el dolor intraducible de las cabras.

¿Cómo siente la muerte una cabra?, por alguna razón las imagino rodeándolo, inquietas, berreando, el sonido los cascos y el chicote en el suelo.

Los pastores de cabras de la ciudad son el último bastión de los caminos del campo en la urbe, es lo único que le queda de vereda a estas calles, y el piloto del camión que atropelló a don Carlos huyó.

Existe esa cultura infernal del “si atropellás a alguien andate porque te vas a ir al bote por la imprudencia de la gente”. Existe esa cultura infernal de culpar a la víctima. Quién lo manda a ser pastor de cabras en esta ciudad don Carlos, quién lo manda a caminar, si bien sabemos todos que la ciudad es para los carros y que si usted no tiene carro no es ciudadano, es “esa gente”.

No exagero, a don Carlos se lo pasó llevando un camión y a Brenda Domínguez y una decena de sus compañeros se los pasó llevando otro piloto. Sobre el pie, en ambos aceleradores, iba implícito el inalienable derecho de la máquina: el poder del más grande, la ignominiosa extensión del cuerpo en un auto de cuatro ruedas. Y esto, señoras y señores, no es un tema de educación vial: es de poder, de la maña vil del poder de sacar ventaja siempre que se pueda, de la vieja maña del poder de hacer invisibles a quienes destruye, porque es más fácil aplastar a quien no se ve, que bajarse a ponerle el cuerpo a la realidad y tapar un calle para exigir tus derechos, por ejemplo, o caminar la ciudad para ganarte la dignidad mínima, vender leche de cabra, qué sé  yo estudiar y exigir mejores condiciones de estudio. 

Pero no, mataron a Carlos, el pastor de las cabras que caminaba por la ciudad y mataron a Brenda y en cualquier esquina te pueden matar a vos si la vida sigue como sigue.

Tu carro no te va a cuidar cuando te de hambre, no te va a salvar tu carro cuando la injusticia te arrincone a vos o a tu familia, tu camión no te va a salvar del bote, no hay lugar a donde podás huir, la vida está siempre enfrente de vos y a ella se llega con el cuerpo erguido, caminando.

03 de mayo de 2017, 11:05

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