Honorables de verdad, no gestores de corrupción

Cada vez que en Guatemala se instala una comisión postuladora, de esas que le causan dolores de cabeza a la sociedad civil, salen a relucir dos palabras que generan escozor en más de algún círculo mafioso:“reconocida honorabilidad”. Este concepto que, según  algunos, es imposible de calificar, deambula cual espectro sobre todas las mesas de trabajo cuya misión es elegir a los aspirantes a distintos cargos.

Sin embargo, la historia reciente nos demuestra que si no le hacemos caso al espectro, éste se vuelve fantasma. Y que la ausencia de ética y de rectitud nos sale carísima. Primero, a nosotros como contribuyentes. Después, al sistema penitenciario. En estos días quedaron ligados a proceso un ex director legislativo y tres ex diputados. Podría estar por correr una suerte similar la Junta Directiva del Congreso del año pasado. Y el actual contralor, Carlos Mencos, presentó 237 denuncias penales contra empleados del Legislativo y de otras dependencias.

Mientras tanto, la suma de los millones de quetzales que nos costaron las plazas en las que nadie trabajó jamás sube y sube, cual episodio de Kombate. La cifra desafía los números de la indignación. Y las explicaciones de por qué nadie hizo nada hasta ahora se pueden contar con los dedos de una mano… y aún así sobran dedos. 

¿Dónde está la ética o la decencia de quien ofrece un puesto de trabajo a los gasparines modernos? ¿Con qué derecho decide esta persona que con mis impuestos se le pague el salario a un empleado de una empresa privada? Como lo hizo ya la Fiscal General, muchos guatemaltecos nos formulamos la misma pregunta: ¿Dónde estaban los contralores, los auditores y los "cuenta costillas" mientras el Congreso se convertía en una oficina de favores públicos?

Ahora bien, en esta lucha, como en otras tantas en Guatemala, en teoría #EstoApenasEmpieza. Todos sabemos que lo ocurrido en el Legislativo tiene el potencial de ser un juego de niños comparado con lo que ha sucedido en otras dependencias estatales, como el Ministerio de Educación (el mayor empleador de Centro América) o el de Salud, por citar dos. Ahí también hay que hincar el diente hasta quedarnos sholcos.

La reconocida honorabilidad y la ética no son conceptos etéreos. Medirlos es posible. Basta un ejemplo: esta semana, el presidente Jimmy Morales designó como Procuradora General de la Nación a una profesional que cumple con estos requisitos. Anabella Morfín ya ha servido al país sin servirse de éste. Y no nació en Marte, sino en Guatemala. Esta Guatemala que, si pretende avanzar y ser más vivible, tendrá que acostumbrase a la idea de que sea la gente correcta la que ocupe los puestos de importancia, y no los fantochegóricos que cobran por no hacer nada. 

01 de junio de 2016, 18:06

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