Un hospital de juguete y "la cooperacha" del Rey Midas

Juan Carlos Monzón coordinó la compra y entrega de fabulosos regalos al ex presidente Otto Pérez Molina y otros altos funcionarios del PP. (Foto: Wilder López/Soy502)

Juan Carlos Monzón coordinó la compra y entrega de fabulosos regalos al ex presidente Otto Pérez Molina y otros altos funcionarios del PP. (Foto: Wilder López/Soy502)

Las declaraciones de Juan Carlos Monzón me hacen reflexionar sobre la forma cómo unos (los corruptos) celebran su cumpleaños.

Propongo un ejercicio: ¿recuerda usted el regalo más espectacular que recibió en su vida? El mío, creo, fue un hospital. De juguete, claro. Tenía un elevador que funcionaba, ambulancia, camillas, enfermeras, doctores y pesa. Incluso, helicóptero. Pero estoy segura de que mis papás no hicieron “cooperacha” para hacerse del sanatorio de plástico. Y menos, que el dinero para comprarlo saliera del erario nacional.

El testimonio de Monzón, en el que los miles y los millones se mencionan como si de vueltos de la tienda se tratara, no solo nos recuerda el pavoroso nivel de saqueo del que fuimos objeto. También nos revela una particular fascinación por parte de los jefes de la banda por darse los gustos más extravagantes.

Me pregunto si intentaban compensar carencias que tuvieron en la infancia (tal vez no quebraron piñata ni les sirvieron agua de canela en sus fiestas infantiles), o si simplemente los deslumbró el dinero fácil y la transición que vivieron de carro de lujo a lancha deportiva a casa en la playa a “chopper” fue una evolución natural.

Lo cierto es que los regalitos pasaron de un nivel "empresario exitoso" al de "jeque árabe". Y todos, pagados con parte de las comisiones que los agradecidos funcionarios recibían.

¿O acaso creen que el dinero salió de negocios transparentes? Hubo tibios reclamos: “no sé si voy a tener suficiente para mantener el helicóptero”, dijo en un momento Pérez Molina, pero igual se le entregó la nave de tres millones de dólares, con todo y moña, además de tarjeta de cumpleaños firmada por quienes aportaron los recursos para que entre Monzón, Jonathan Chévez y Daniela Beltranena cotizaran, compraran y personalizaran el Bell 407. Al parecer, esta última quiso pasarse de lista y hacerse de 400 mil dólares, pero la frase aquella de “entre gitanos no nos leemos las manos” se aplicó a la perfección y su jugada no pudo concretarse.

Desde que se destapó “La Línea” he creído que, si la estructura empleada para el saqueo se hubiese dedicado a algo positivo, los índices de desnutrición en el país se habrían reducido en 10 por ciento, como prometieron en su momento los del Patriota. Pero la voluntad política se enfocó solo en el robo y en eso se demostraron los más altos niveles de eficiencia. Se le sacó raja a todo. A costa de todos.

El helicóptero del hospital de juguete que me regalaron formaba parte del equipo con el que se atendía a los pacientes de plástico. El helicóptero que se le regaló a Pérez Molina salió del dinero que debía emplearse para que en los hospitales nacionales hubiese elevadores, ambulancias, camillas, enfermeras y doctores para atender a seres humanos.

Y ni usted ni yo teníamos por qué ser parte de la indigna “cooperacha” con la que pretendieron echar la casa por la ventana y compensar los cumpleaños de sus infancias en los que, tal vez, no quebraron piñata. Pero claro: la piñata la tuvieron al llegar al poder. Rapiña que le dicen...

Más de Beatriz Colmenares:

11 de abril de 2018, 18:04

*Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad de su autor, no de Soy502
cerrar