Humilde festejo de Barrondo a cinco años de ganar la medalla olímpica

Erick Barrondo ganó la medalla de plata olímpica en Londres el 4 de agosto de 2012. (Foto: archivo /Soy502)

Erick Barrondo ganó la medalla de plata olímpica en Londres el 4 de agosto de 2012. (Foto: archivo /Soy502)

Amanece en Guatemala y para la mayoría de sus habitantes es un día cualquiera; sin embargo, a cientos de kilómetros de distancia, en Irlanda, Erick Bernabé Barrondo García festeja humildemente y entrenando fuerte el quinto aniversario de la obtención de la medalla de plata olímpica en Londres 2012.

Lejos de su familia, el deportista solo piensa en llegar lo mejor preparado al Mundial de Atletismo de Londres 2017, donde espera nuevamente alcanzar la gloria deportiva para su país en los 20 kilómetros marcha.

"Esto es así, estoy enfocado en el mundial y para eso nos estamos preparando con todo", refirió Barrondo.

El 13 de agosto, el originario de la aldea Chiyuc, en San Cristóbal Verapáz, volverá al mismo circuito donde hizo historia.

Un día inolvidable

Era una mañana soleada, todo transcurría con normalidad en la metrópoli y en el interior de una pequeña nación centroamericana. Del otro lado del océano, los mejores marchistas del orbe estaban listos para salir al circuito. Llegó la partida y con pasos firmes comenzaron a devorar uno a uno los 20 kilómetros de la prueba. Ese 4 de agosto de 2012 nacería una nueva estrella en el olimpo del deporte.

Ataviado con su uniforme celeste, una cadena de plata con un enorme crucifijo y una "pulserita" de hilo bordada a mano, Erick Bernabé Barrondo García, se ubicó bien, caminó como los grandes, tuvo fe, se aferró a sus condiciones y los dioses lo premiaron.

Uno a uno los grandes se quedaban atrás, otros caían extenuados, pero el niño que alguna vez se entrenó con los tenis de su mamá seguía allí en pie, batallando con el peso de la historia y acompañado por algunos pocos.

La televisión transmitía en vivo, en la radio el tono de emoción crecía, faltaban cinco kilómetros y el pequeño gigante estaba entre los mejores cinco de la competencia. La expectación se hizo grande, Barrondo estaba cumpliendo con una gran faena, pero lo mejor estaba por venir.

Últimas dos vueltas al circuito, un chino se adelantó, Erick iba segundo. La medalla olímpica estaba ahí, a unos metros, tan lejos y tan cerca. "¡Vamos Barrondo, dale mano, vos podés!", gritaba un grupo de personas frente a un aparador de la concurrida Sexta Avenida de la zona 1 capitalina.

En el tráfico, las emisoras musicales, noticiosas y hasta religiosas hacían eco de los que sucedía con un guatemalteco en Londres. En la aldea Chiyuc, la familia Barrondo García estrenaba la televisión que el marchista había comprado antes de viajar a los Juegos Olímpicos.

Sonó la campa, era la última vuelta y el niño que soñó con ser maestro de escuela estaba dando cátedra al meterse entre la legión china y europea para colgarse la medalla de plata para Guatemala.

Tímidamente sonaron los cohetillos, a los narradores se les quebraba la voz y en el mundo los medios de comunicación comentaban la proeza de un "hombre de maíz".

El momento supremo, por el que había trabajado tan duro, llegó. Barrondo cayó hincado, elevó la mirada al cielo, tomó aire, contuvo las lágrimas y luego buscó entre la gente. A lo lejos pudo escuchar los gritos inconfundibles del cubano Rigoberto Medina, su entrenador.

Como pudo y agotado por el esfuerzo, el guatemalteco se acercó para fundirse en un abrazo. Luego vinieron las entrevistas y no faltaron los dirigentes que aparecieron para la foto.

Erick estaba exhausto, sin embargo le faltaba la prueba de 50 kilómetros.

El regreso a casa fue espectacular, al llegar al país hubo caravana, baño de masas y la vida cambió definitivamente para Barrondo.

No se acordaron

Lejos quedaron los actos públicos y los homenajes. Por los medios de comunicación la población recordará aquella gesta en la que millones de guatemaltecos lloraron. Ni el Comité Olímpico, la Confederación Deportiva o la Federación Nacional de Atletismo programaron un acto especial. La excusa será que Erick no estaba en el país o que al atleta no le gustan los homenajes.

Queda claro que en Guatemala el tiempo no perdona y que la memoria no alcanza para recordar a los héroes.

Su esposa y compañera de equipo, Mirna Ortiz, el entrenador "Paquillo" Fernández y el resto de atletas que se entrenan con Barrondo seguramente lo festejarán entre anécdotas y vivencias.

"Agradezco a los guatemaltecos por sus mensajes que me envían en las redes sociales, no tienen idea de lo que nos animan a seguir adelante. Que viva Guatemala", sentenció el subcampeón olímpico antes de tomar sus tenis y encaminarse hacia la pista para empezar el entrenamiento del día.

04 de agosto de 2017, 06:08