Iconos de plástico

"Fight Club", una película protagonizada por Brad Pitt. (Foto: tomada de IMDb)

"Fight Club", una película protagonizada por Brad Pitt. (Foto: tomada de IMDb)

No puedo olvidar una película que dejó fuertes impresiones en mí porque en medio de su violento desarrollo logró presentar mensajes profundos con los que me identifiqué mucho. Planteaba la necesidad de rebelarse contra sistemas de control estatales que la mayoría repudia y exponía el viciado entorno que te engaña incentivando el consumismo superficial, buscando satisfactores externos sin sentido.

Muchos van a reírse con el nombre del largometraje: "Fight Club", protagonizada por Brad PittEdward Norton y Helena Bonham Carter. A los que no la han visto, se las recomiendo; a quienes la vieron les voy a refrescar una de las frases célebres en el guión: "la publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar m... que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida".

Lo que me hizo recordar esta película recientemente fue observar la decadencia y vicios en la que cayó Brad Pitt, quien hizo otra de mis películas favoritas, "7 años en el Tibet". Hay enormes contrastes entre lo que reflejaron los dos papeles que desempeñó, su estilo de vida y su situación actual, con lo cual confirma que no es más que un actor. Esta profunda crisis la comparte actualmente otro ícono del cine, Johnny Depp. A ello se suma el supuesto reciente suicidio de algunos músicos favoritos de mi adolescencia como Chris Cornell y Chester Bennington. Todos arriba de los 40 años, rodeados de fortuna, fama y excesos: empiezo a ver una tendencia.

Muchos hombres sufren la llamada "crisis de los 40s". En psicología se le da varios enfoques, sin embargo nadie atina más acertadamente que el psicoanalista Carl Jung, quien lo atribuye a una causa totalmente interna, espiritual. Jung define la crisis de la mitad de la vida como consecuencia de una necesidad del YO por entender su razón real de existir. Dice que en la primera mitad de la vida el individuo desarrolla una personalidad que se ajusta al entorno: genera una máscara de protección basada en todo lo externo. Según Jung en la segunda mitad de la vida es necesario regresar a lo esencial, el camino hacia lo interno. En lugar de satisfacer las expectativas del mundo, se debe desarrollar y descubrir la personalidad interior. El problema es que toda la educación formal que recibimos se centra en la primera mitad de la vida y nos deja indefensos para la segunda, como tal vez lo están estos íconos a los que me refería al enfrentarse consigo mismos.

El mundo material nos pinta verdades derivadas de su misma naturaleza. Los medios, el entretenimiento y demás, forjan arquetipos del ideal al que las masas aspiran llegar, basados en la acumulación. Algunos de estos dioses del mundo ilusorio, al enfrentar la realidad de su existencia, pueden caer en crisis profundas.

No todos son así: algunos se salvan. Paul Newman es un ejemplo del opuesto. Tal vez sin saberlo se preparó para enfrentar esa segunda mitad de su existencia encausando su tiempo y energía en temas reales y trascendentales. Lideró a su país en una campaña mundial para el desarme armas de destrucción masiva. Fundó campamentos de verano para niños y niñas con enfermedades graves, creó una marca de alimentos cuyas ganancias van en su totalidad para una fundación auto sostenible. Murió en el 2008 rodeado de su familia. Se mantuvo activo, funcional y libre de vicios hasta ese momento. El tema no es el entorno ni el llegar a acumular cuantiosas fortunas: lo importante es enfocar parte de la existencia en las cosas que verdaderamente importan.

Los jóvenes sobre todo no beben encandilarse por las falsedades de los medios que te invitan a emular íconos vacíos fundamentados en excesos. La realidad de la existencia es más profunda, simple y millones de veces más reconfortante.

La educación y preparación interna son fundamentales. Jung recomendaba la meditación y la introspección como bases de este conocimiento superior. Algunas veces las respuestas no necesariamente estarán en una religión pues la verdadera espiritualidad no depende de una. 

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*Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad de su autor, no de Soy502

23 de septiembre de 2017, 05:09

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