La imperdible visita a Río de Janeiro: Ir al estadio a ver fútbol

Estar en Brasil y no ir a un partido de fútbol, es como no ir a Brasil, dicen los futboleros y para ser honestos es una experiencia imperdible. Dejando el juego por un lado, en las gradas se vive un partido aparte desde horas antes y muchas después de los 90 minutos.

Soy502 no dejó escapar la oportunidad y se decidió ir a ver el juego Botafogo ante Palmeiras, uno de los tantos clásicos que hay en Brasil. Botafogo, apodado el Glorioso, es uno de los cuatro grandes de la ciudad de Río de Janeiro. Y Palmeiras (Verdão), es uno los cuatro grandes de la ciudad de Sao Paulo.

El video puedes verlo abajo...

El escenario: el estadio Luso Brasileiro, ubicado en el barrio, Ilha do Governador, a unos 30 minutos del centro de Río de Janeiro. Bueno, si hay tráfico o partido, puede ser hasta una hora. 

Barrio muy brasileño, personas en las puertas de las casas saludando, las pintas en las paredes llaman la atención y el olor a comida en las esquinas se antoja (recuerdos de Guatemala). En las cuadras alrededor del estadio es imposible pasar en carro, así que toca caminar e interactuar con los cientos de "torcedores" (aficionados) que toman mucha cerveza y cantan sin parar. 

Tres controles de revisión para ingresar a la cancha, los precios varían dependiendo de la localidad. Como en los estadios guatemaltecos hay generales, preferencia, tribuna y palco. Los precios oscilan entre 40 y 90 reales (de 90 a 210 quetzales).

En las gradas es partido aparte; los que lo viven solos, gritan, se levantan, e insultan. Los "filhios de p...."; se asemejan a los de muchas partes del mundo. Los que deciden ir a las barras (porras) pueden hacerlo en dos lugares. Una en general (más violentos) y la otra en preferencia, los "Loucos por Botafogo", que es más familiar. 

Banderas y cánticos muy argentinos (aunque pareciera que la rivalidad es grande, se imitan algunas cosas). Cuando hay gol, la porra no lo piensa y se avalancha sobre la malla. Los tambores, trompetas y saltos no cesan, si el partido dura 95 minutos, ellos aguantan 96.

Al medio tiempo todos descansan, se habla mucho del partido y se "corrige" a los jugadores en los pizarrones imaginarios. Momento de comer, aunque para ser sinceros no hay puestos de comida, sólo de cerveza, que es servida en vasos plásticos para evitar que sean un objeto "apetecible " de lanzar. 

El segundo tiempo continúa y sigue el ritual. En nuestro recorrido por los graderíos vimos muchas versiones de camisolas de Botafogo, desde las retro hasta la más reciente, todas de blanco y negro, como los colores del equipo. 

Así vivimos el partido...

En un rincón, los visitantes, una mancha verde de aficionados de Palmeiras que viajaron más de seis horas para llegar al estadio, desde Sao Pablo.

Terminó el partido, parece que duró menos, al menos el ambiente lo hizo sentir así, envolvió tanto, que hasta fue imposible no cantar "Bota Bota Botafogo...". 

Ah, por cierto, el partido terminó 3-1 en favor de Botafogo, y todos de vuelta a sus casas. Es lunes, toca volver a la "normalidad". Al recinto ingresaron unas seis mil personas.

01 de agosto de 2016, 19:08

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