Las extorsiones: el fenómeno que trajo los linchamientos a la ciudad

La extorsión es un crimen que cambia mucho la vida de los ciudadanos. (Foto: cortesía Vinicio Ventura)

La extorsión es un crimen que cambia mucho la vida de los ciudadanos. (Foto: cortesía Vinicio Ventura)

Las extorsiones en el país han transformado la vida de comunidades enteras. A la pobreza, la dificultad para acceder a servicios básicos y la violencia se suman la paranoia y el cierre de negocios causados por el referido crimen.

“Los extorsionistas siempre buscan atacar al eslabón más débil de la cadena”, explica Walter Menchú, investigador especializado en temas de seguridad del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN). En este caso, son las comunidades las que presentan dificultades en su diario vivir.

Debido a esto, sumado a un Estado que no les brinda seguridad, muchos guatemaltecos frustrados deciden buscar justicia por mano propia y linchar a quienes señalan de responsables. 

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El último caso es el de David Daniel Sian Castillo, un joven de 26 años que trabajaba como repartidor de agua. Él fue asesinado a balazos cuando salía de la colonia Primero de Julio, zona 5 de Mixco, a manos de supuestos extorsionistas. Según los vecinos del sector, los delincuentes le exigían 800 quetzales a la quincena. 

Al hermano de la víctima le pareció reconocer a dos mujeres de 17 años como las autoras del crimen. Jorge Aguilar, vocero de la Policía Nacional Civil (PNC), dijo que las capturaron cuando huían de la escena. No les encontraron ningún arma de fuego, pero sí cinco municiones calibre 5.56 para fusil y 15 cartuchos 9 mm. Los vecinos querían que las autoridades les entregaran a las menores para lincharlas. 

La gente se siente identificada con su pares más cercanos
Walter Menchú
, investigador del CIEN.

En una comunidad relativamente pequeña, como la colonia Primera de Julio, las personas son muy cercanas y más propensas a resentir cualquier posible amenaza a los suyos, explica Menchú. Sian Castillo era más que un conocido para muchos residentes de la zona, quienes motivados por un impulso de autodefensa quisieron buscar justicia por ellos mismos. 

“Las personas que querían vapulear a estas mujeres probablemente no son normalmente violentas. No obstante, la situación a la que estuvieron expuestas les disparó impulsos violentos”, explica Marco Antonio Garavito, director de la Liga Guatemalteca de Higiene Mental. 

La sociedad en términos generales no encuentra un Estado que los defienda. El ciudadano toma la justicia por su mano propia
Marco Antonio Garavito
, director de la Liga Guatemalteca de Higiene Mental.

Según Garavito, en situaciones como estas, luego de una experiencia muy estresante, la gente experimenta una “euforia colectiva”. “Es un estado que se contagia fácilmente. Se dispara la adrenalina y somos capaces de hacer cosas que no haríamos si estuviéramos solos”, explica. 

En esta circunstancia las personas presentan conductas y actitudes “más primitivas”. A esta difícil situación se enfrentaron fuerzas del orden público: una multitud de 350 personas violentas y armadas con piedras y palos. 

Los agentes de la PNC, con apoyo de personal antimotines, lograron evacuar a las dos menores del lugar. No obstante, los vecinos arremetieron contra la Comisaría 13 y lanzaron piedras a los oficiales. Fue una forma de descargar su frustración. 

Aunque parece un caso aislado, el número de linchamientos e intentos de estos se ha incrementado en los últimos años. Según Menchú, el investigador del CIEN, el fenómeno que parecía solo darse en el interior del país, especialmente en el altiplano, ahora se puede apreciar cada vez más en la metrópoli, sobre todo en áreas urbano-marginales.

31 de mayo de 2017, 06:05

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