Las lluvias, las tragedias y la historia de nunca acabar

Nueve personas muertas y un niño desaparecido dejó un deslave ocurrido en Santa Isabel II, Villa Nueva el pasado 6 de septiembre. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)

Nueve personas muertas y un niño desaparecido dejó un deslave ocurrido en Santa Isabel II, Villa Nueva el pasado 6 de septiembre. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)

Todos los inviernos, lo sabemos de sobra, la muerte acompaña a los torrentes de agua. Aquí nadie se pregunta si ocurrirá, sino cuándo y dónde tendrá lugar la tragedia anunciada. Esta semana el luto llegó a Santa Isabel II, en Villa Nueva. Las escenas de dolor de las que somos testigos estos días son terriblemente habituales. Conocemos las últimas palabras de Jimmy, el menor de 8 años cuyo cuerpo aún está desaparecido: “mamita ayúdame”. Vecinos y familiares acompañaron 9 entierros. Otra vez. Cuando las heridas del camposanto en que se convirtió El Cambray aún están abiertas en el corazón de Guatemala. 

El papá de Jimmy Vega, roto por el dolor, ha descrito a los medios cómo intentó evitar que al pequeño lo arrastrara la correntada del río Platanitos. Y su relato me hace recordar las escenas, el 1 de octubre del año pasado, de padres y madres que escarbaban con las manos los lugares en dónde en algún momento estuvieron sus casas y donde quedaron enterrados sus hijos en Santa Catarina Pinula. El Cambray 2015. Santa Isabel II 2016. Panabaj 2005. Por enumerar tres.

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Ninguna de estas cientos de muertes es consecuencia de un desastre natural. Para nada. Son producto de una letal mezcla de desidia, corrupción y pobreza. La falta de planificación es el ingrediente estrella. Se construye donde se pueda, como se pueda. Se legalizan de facto invasiones de sitios en donde nunca nadie jamás debió vivir al proveer de servicios de agua y luz. Se extienden permisos de construcción en terrenos porosos que se hundirán más tarde o temprano. 

Todo se hace “sin normas, sin sanciones, sin responsables y sin sentido común”, escribía el tuitero @raubarreragt. Se rellena para ganarle metros cuadrados a los barrancos, “que son procesos geológicos activos y avanzan inexorablemente” decía el doctor Héctor Monzón, de la Asociación Guatemalteca de Ingeniera Estructural y Sísmica, en Emisoras Unidas. Pero ahí están los asentamientos. Y las colonias. Y nadie parece capaz de hacer nada. 

  • ACCIONES DE SOLIDARIDAD:

¿Soluciones a mediano plazo? Las instrucciones se han dicho y repetido desde que el terremoto de 1976 (¡hace 40 años!) nos debería haber forzado a hacer todo distinto. Se requiere, no sólo de recursos sino de priorizar cómo utilizar lo que se tiene, sobre todo a nivel de municipalidades. ¿Cuántas comunas cuentan con el obligatorio Plan de Ordenamiento Territorial?  Se pueden contar con los dedos de una mano, y sobran dedos.  Así no se puede. Ese es el primer paso para dejar de seguir contando muertos cada vez que empieza a llover. A la historia de nunca acabar es imperativo ponerle fin de una vez por todas. 

*Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad de su autor, no de Soy502

08 de septiembre de 2016, 19:09

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