Marieke Vervoort, la atleta que decidió morir después de Río 2016

Para Michael Phelps, las medallas que ganó en Río de Janeiro son solo una etapa más de su vida. Aunque se retiró de la natación, le queda muchísimo camino por delante. Lo mismo pasa con los futbolistas, que después de colgar las botas deben encontrar algo a qué dedicarse. 

Para otros, como Marieke Vervoort, una medalla olímpica es un último sueño, antes de morir. La belga tiene 37 años y ya firmó los papeles de la eutanasia, que le permitirá elegir la fecha en la que un doctor le pondrá la inyección. Antes, sin embargo, tiene la misión de ganar otra medalla en unos Juegos Paralímpicos, que comienzan el siete de septiembre.

Me da tranquilidad saber que un día puedo decir 'ya, es suficiente'.
Marieke Vervoort

Nadie le cuestiona su decisión. Su familia y sus amigos entienden lo difícil que es vivir con dolor eterno, pasar noches enteras sin dormir debido a las torturas de la enfermedad. Marieke padece un mal degenerativo de los nervios de la columna vertebral, y lo sabe desde que tiene 14 años. Desde los 20 depende de una silla de ruedas, y a sus 37 apenas tiene una visión del 20%. 

Lo difícil fue convencer a los abogados, a los médicos y al juez. Vervoort tuvo que demostrar que la eutanasia era una decisión personal muy meditada y no una respuesta a un estado de depresión. Además, tuvo que comprobarle a tres médicos distintos que sus dolores eran tan fuertes que es imposible vivir con ellos, y que no hay ninguna oportunidad de mejorar. 

Zenn es el fiel compañero de la atleta. (Foto/Lesoir.be)
Zenn es el fiel compañero de la atleta. (Foto/Lesoir.be)

Después de un intenso trámite administrativo, Marieke duerme mejor. “Cuando tengo mucho dolor me da tranquilidad pensar que tengo los papeles y que un día puedo decidir que ya es suficiente”, dice la atleta. 

El final, sin embargo, todavía está lejos. Primero competirá en los 100 y 400 metros en silla de ruedas en Río de Janeiro, para lo cual ha estado entrenando en los últimos meses. Su preparador es el veterano Rudi Voels, de 52 años, que ya ganó una medalla olímpica (como entrenador) con el equipo belga de relevos en Pekín 2008

INSÓLITO: 

A los entrenos la lleva Eddy Peeters, el marido de una amiga jubilada.  Él es su chofer, fotógrafo y ayudante en general. “No es normal tener que entrenar con morfina en el cuerpo”, dice Marieke, a quien a veces la obligan a volver a casa antes de terminar, porque los dolores ya son demasiado fuertes. 

En su apartamento tiene a Zenn, su inseparable perro. Juguetón y amigable, Zenn es parte de su día a día, desde la vida en casa hasta en la pista de entrenamiento. El perro es su única compañía, pero la ayuda médica está a un botón de distancia. Con presionarlo, llegará un médico y alguien de su familia a cualquier hora. Además, una enfermera la visita cuatro veces al día para que vaya al baño y se pueda cambiar de ropa. 

Marieke comparte la mayor parte del día con su perro Zenn. (Foto: IslandMomma.net)
Marieke comparte la mayor parte del día con su perro Zenn. (Foto: IslandMomma.net)

“Hay dos Mariekes. Una que está feliz haciendo deporte y que gana medallas y otra que sufre mucho en casa”, dice ella. Precisamente la segunda Marieke es la que sueña con la inyección: “te duermes lentamente y no te vuelves a despertar nunca”, afirma, con alivio. Ella quiere que sus padres y amigos estén a su lado ese día, y ya les escribió una carta que podrán leer cuando su corazón deje de latir. Además, tiene muy claro dónde quiere que reposen sus cenizas: “en Lanzarote (Canarias), donde la lava se une con el mar. Ese lugar me transmite paz y tranquilidad. Quiero terminar allí”. 

* Con información de El País

30 de agosto de 2016, 13:08

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