¡Más árboles y fuera vallas!

En la oscuridad, antes de que la ciudad amaneciera, una cuadrilla de hombres botó 52 árboles en el bulevar Juan Pablo II, que lleva al Aeropuerto la Aurora.

Eran jacarandas jóvenes, que según el vocero de la Municipalidad tenían 9 años de vida, y cuya misión era llevar un poco de vegetación y flores a esa arteria de la ciudad que es un listón gris, de puro cemento, donde el sol cae sin piedad sobre el asfalto. 

Los taladores de árboles confesaron en un tribunal que recibieron 100 quetzales por el delito. Luego fueron puestos en libertad, con apenas una sanción escrita.

Ojalá la Policía y el Ministerio Público sí se molesten en proseguir la investigación y castigar como se debe a quien mandó a cortar los 52 arbolitos. 

Desde el principio, las autoridades municipales dijeron que sospechan que puede tratarse de una empresa de vallas publicitarias, para quienes los árboles resultan un fastidio pues tapan los rótulos comerciales.

¡Es el colmo, como dijo una amiga en redes sociales, que aquí se talen jacarandas para que florezcan vallas publicitarias!

Los guatemaltecos debemos organizarnos para poner un alto a las vallas, que nos han invadido al punto de convertirse en un peligro y una plaga.

Digo peligro por experiencia propia: hace unos meses, una gigantografía se desplomó en un parqueo que queda enfrente de la oficina, sobre los carros de varios colegas. Gracias a Dios, no mató a nadie, porque ese enorme esqueleto de metal oxidado aplastó a los vehículos como si hubieran sido de plastilina. Si hubiera habido alguien adentro, como sucedió con un taxista al que le cayó una valla inmensa en plena calle, mis amigos no la cuentan.

Además del riesgo constante que representan para todos, porque pueden caerse o volar por los aires y decapitar a alguien, el amontonamiento de rótulos comerciales ha convertido a nuestra ciudad en un mosaico estridente de mensajes y colores que se lanzan unos sobre otros y contaminan el entorno visual.

Hay formas creativas e incluso hermosas de hacer publicidad. Hay muebles urbanos donde los avisos comerciales se pueden alojar de forma ordenada y estética, pero la maraña de vallas que tenemos ahora es simplemente horrenda.

Y a eso hay que añadir que, como todo publicista sabe, tanta valla junta daña la efectividad. Entonces, además de espantosas, no sirven como vehículo mercadológico.

Me consta que algunos valleros han estado instando a sus colegas, hace tiempo, a autoregularse. Pero lejos de ello, lo que vemos ahora es que la propia Muni los acusa de mandar a talar 50 árboles con premeditación, alevosía, nocturnidad y en cuadrilla.

Así que ya estuvo bueno. Señores de la Muni, ¡desmochen esta ciudad de rótulos y pongan en cintura a los valleros de una vez!

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21 de agosto de 2017, 05:08

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