Más mujeres, ¿mejor política?

Puedo afirmar que la relación que he tenido con el concepto de las cuotas ha sido tormentosa. En ciertos momentos he sido su opositora (total, “el que es perico donde quiera es verde”) y en otros su abogada. En este momento me confieso simpatizante. Justo ahora, cuando la pasión sobre el asunto está al rojo vivo, los ánimos están caldeados y es escasa la posibilidad de que ganen los argumentos. Aunque ese debería ser el caso. 

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Veamos. Quienes defienden la paridad y la idea de que se posibilite, por ley, que más mujeres oxigenen el Congreso emplean razonamientos lógicos. Van en la línea de la reivindicación. De la justicia. De seguir una receta que ha funcionado. De emparejarnos con el mundo, incluyendo con nuestros vecinos centroamericanos en donde la polémica quedó zanjada y se abrieron los espacios. Los que hablan en contra aseguran que deben prevalecer los méritos propios y la capacidad. Cuando me oponía al tema, eso era lo que también esgrimía. Pero hoy, a mi parecer, el postulado se cae por su propio peso. ¿O puede alguien creer que los 158 legisladores fueron electos por su capacidad y su mérito? ¿O más bien por haber pagado el sitio o haberse codeado con quien tenían que hacerlo? 

La semana pasada tuve la oportunidad de participar en la presentación del Indice de Desarrollo Democrático de América Latina 2015, un estudio que realizan la Fundación Konrad Adenauer y Polilat para determinar la salud del sistema en este continente. Parten del postulado de que “la democracia no es plena si persisten la desigualdad y la exclusión”.  Y Guatemala está en el sótano. En el puesto 18 de 18, superada, por lo mínimo, por Venezuela. Aunque la ausencia de paridad o de cuotas no es la principal razón por el cual  también en este ranking, como en tantos otros, nos ubicamos en los últimos sitios, nos deja claro de que nos urge empezar a hacer las cosas diferentes.

Una solución está ahí, al alcance de la reforma. Las cuotas no son un sistema que por definición debe de ser permanente ni mucho menos. Pero, repito, la receta ha funcionado en otros países. El doctor Jorge Arias, director de Polilat, aseguró durante la presentación del informe al que acudí la semana pasada que él era escéptico de cómo funcionarían en su país, Argentina. “Temí, como muchos, que con el fin de cumplir con el 50/50 los listados se llenarían con los nombres de las esposas, hijas, tías, sobrinas y amigas de los políticos”, aseguró. “Eso, en efecto, fue lo que sucedió. Pero lo que no había previsto era que su presencia, por muy hijas o amigas que fuesen, cambiaría la manera de hacer las cosas y que, ya en el Legislativo, propondrían leyes tendientes a proteger a la niñez, a mejorar la educación y otros”.

¿Guatemala está cansada de la #ViejaPolítica? La solución está ahí, al alcance de la reforma. 

*Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad de su autor, no de Soy502

08 de marzo de 2016, 11:03

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