Del miedo a la conspiración: los cinco peligros de agravar la crisis

El caso #CooptacionEstadoGT ha generado una reacción virulenta en contra del MP, CICIG y otras entidades. (Foto: Wilder López/Soy502).

El caso #CooptacionEstadoGT ha generado una reacción virulenta en contra del MP, CICIG y otras entidades. (Foto: Wilder López/Soy502).

El ambiente está tenso. Las redes sociales y los servicios de mensajería se han cargado de tantos ataques que a ratos parecen campaña negra de proceso electoral

El objetivo está muy claro: socavar la credibilidad del Ministerio Público (MP) y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) así como la de algunas organizaciones que les han apoyado.

En medio de ese ruido, el matutino elPeriódico publica en su sección dominical "El Peladero" que un narco de Zacapa ha informado de un complot para asesinar a la Fiscal General, Thelma Aldana, por medio de la contratación de sicarios. El vespertino La Hora destaca en su edición electrónica que la jefa del MP teme por su vida y ella misma "postea" en Facebook que siente miedo. 

Los instigadores deben estar regodeándose al ver la formación de "una tormenta perfecta", pero quienes por impulso o afinidad han contribuido a su gestación, deberían tomar en cuenta estos cinco puntos que la hacen especialmente peligrosa: 

1. El contexto geopolítico. El respaldo internacional hacia las acciones emprendidas por MP y CICIG no son caprichos de funcionarios: son una política regional que proviene de cuerpos políticos colegiados al más alto nivel, donde privan los acuerdos. Si ocurre una "disrupción" violenta, lejos de provocar la retirada de agentes externos, se logrará el efecto contrario.

2. Los intereses de los solícitos "descomponedores", que atizan las contradicciones. Apostar al chispazo sobre este polvorín solo puede promover dos tipos de ganadores: las mafias, puras y duras, que florecen a mayor caos, y las agendas de notoriedad personal que se nutren del miedo.

3. La posibilidad de que "las conspiraciones" sean aprovechadas por un caleidoscopio de enemigos sin escrúpulos. Y ahí, entre más alto sea el perfil de los encartados, mayor el riesgo de que las amenazas se concreten. Es decir, los ahora señalados de delitos de cuello blanco, no querrían convertirse ineludiblemente en sospechosos de crímenes de sangre.

4. Después de las movilizaciones del año pasado, es sencillamente imprevisible cómo podría reaccionar la sociedad ante un ataque violento, ya sea contra cabezas de institución o incluso mandos medios de secotres sensibles. Recuerden que el efecto dominó del 2015 empezó con revelaciones sobre un secretario privado y eso fue suficiente.

5. Es absolutamente válido apelar al debido proceso y a la presunción de inocencia, nadie pone en duda principios universales, pero ojo, no resulta convincente hacerlo cuando no se hace desde el sometimiento a la justicia.

Dicho lo anterior, no está de más recordar que Guatemala se encuentra en una situación sin precedentes que exije de todos --actores políticos prominentes y ciudadanía en general-- una respuesta ejemplar para enderezar el rumbo.

Sabemos que "el sistema" de cooptación del estado que han descrito las autoridades no es producto de la imaginación enfebrecida de los fiscales: es real.

Hace años sabíamos que la corrupción "aceitaba" el funcionamiento de esta sociedad y aunque muchos nos quejamos de ello, nunca logramos que las denuncias y escándalos que surgían con regularidad dieran pie a procesos políticos o jurídicos reales, para que las cosas comenzaran a cambiar.

La mayor parte de lo que hemos visto y escuchado en el tribunal del juez Miguel Ángel Gálvez era un secreto a voces: la diferencia es que ya no son "bolas", sino acusaciones asentadas ante un tribunal. Ahora falta que el Ministerio Público y CICIG sustenten las imputaciones y ahí la defensa de los acusados tendrá cancha para rechazar, rebatir o atenuar las sindicaciones.

Pero más allá de cómo se desarrollen los procesos, no se puede negar que las reglas no escritas del sistema de cooptación del estado que prevalecieron en el país por años, nos han llevado al borde del colapso institucional. Pese a las dificultades implícitas de juzgar todo ese entramado perverso (donde aún faltan muchas ramas), no creo que sea posible dar marcha atrás. No se puede relegitimar lo que ya está deslegitimado. 

Luego de lo que ha pasado, resulta imperativo cambiar el "statu quo": es impensable cerrar los ojos y seguir, cual "business as usual".

Cómo buscar ese cambio es el fondo de la cuestión y si algo debería ocuparnos es trabajar, bajo las reglas democráticas, para que ese cambio redunde en una sociedad más justa y más próspera. Para ello no se puede empezar destruyendo, insultando o amenazando: para liderar el cambio hay que aportar, convencer y construir.

Por la naturaleza misma del caso #CooptacionEstadoGT y de los involucrados, es simplemente inevitable que ese proceso tenga una dimensión política.

Pero incluso sabidos de ese marco, resultaría mucho más eficaz apelar a la empatía y a la reflexión sobre los alcances de un sistema que cooptó a la sociedad entera, que levantar, con desesperación, los fantasmas del pasado que auguran más caos.

Por esos callejones siniestros hemos transitado ya...y nadie salió bien librado de ellos.

*Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad de su autor, no de Soy502

21 de junio de 2016, 08:06

cerrar