Morir en la carretera

El 28 de marzo recién pasado, 19 personas fallecieron en un accidente de tránsito en Nahualá, provocado por el exceso de velocidad. (Foto: Archivo/Soy502)

El 28 de marzo recién pasado, 19 personas fallecieron en un accidente de tránsito en Nahualá, provocado por el exceso de velocidad. (Foto: Archivo/Soy502)

Seguirle la pista a la cantidad de accidentes que ocurren en las rutas de este país, es una misión casi imposible. Después de un percance viene otro, cual cuentagotas mortal. Drip. Drip. Drip. Según el diario Siglo 21, en lo que va del año, contando hasta el lunes 17 de mayo, van 261 "buzasos". Lo cual equivale casi a dos por día en promedio. Los factores detrás de estos percances sobran: imprudencia, exceso de velocidad, consumo de alcohol, falta de pericia, insuficiente señalización, inexistencia de alumbrado, abundancia de túmulos y de baches, falta de autoridad

Ningún conductor puede distraerse. Nunca. Hay que estar atentos permanentemente a todos los obstáculos que puedan surgir en el camino. Y tener asimismo el rabillo del ojo colocado sobre quienes se desplazan por las carreteras guatemaltecas como que si estas fuesen autopistas alemanas. Para muchos, las señales de límites de velocidad son meras ilusiones ópticas. No tienen, por tanto, que acatarlas. O así lo entienden, pues. Así lo hacen.

El escenario se torna más grave cuando estos “ases al volante” son responsables de otros seres humanos a los que llevan como pasajeros. Y la inmensa mayoría de gente en Guatemala precisa de transporte colectivo para ir de un punto a otro. La demanda es enorme; la competencia, feroz. Por ello sabemos de conductores que “pelean” por el pasaje, rebasándose entre sí, implacables, sin importarles que otros vehículos usen la misma vía que su rival, es decir, automóviles particulares, a veces con familias enteras que pierden la vida o quedan mutiladas por percances evitables.

Esta semana, la Dirección General de Transportes (DGT) decidió hacer algo para evitar más muerte en las carreteras. Según Siglo 21, los fallecidos en accidentes de autobuses en los primeros cuatro meses del año podrían ser 75 y los lesionados, 255 y las autoridades ordenaron operativos permanentes en la Ruta Interamericana. Pretenden evitar que las unidades viajen a excesiva velocidad y que vayan sobrecargadas. Asimismo, y no menos importante, que tengan la papelería en regla. Aplaudo estas acciones, pero hace falta más. Desde revisar la legislación actual hasta dotar de más recursos a las entidades encargadas de velar por la seguridad vial. La DGT, de acuerdo con una reporte de Emisoras Unidas, cuenta con 20 inspectores para supervisar 20 mil unidades. Ridículo.

El kilómetro 45 pudo haber sido, el lunes pasado, escenario de una tragedia. Un bus volcó en Sumpango a pocos metros de un barranco. Quienes venían a bordo se trasladaban desde Joyabaj hacia la ciudad capital. Veinticuatro pasajeros no llegaron a su destino, pues tuvieron que ser trasladados al hospital de Chimaltenango como consecuencia de sus heridas. Una docena más recibió asistencia en el lugar, porque padecía de crisis nerviosa. No hubo fallecidos, “por puro milagro”, aseguraron los socorristas que acudieron a cubrir la emergencia. 

Sin embargo, pese a lo que pueda pensarse, reducir estos absurdos accidentes al mínimo no debería ser una tarea titánica. Solo precisa de ajustar políticas y de mostrar, con hechos, voluntad para hacer las cosas bien. Los patrullajes ya empezaron. Que sigan. Nada de bajar la guardia. Que cientos de personas desafíen a la muerte todos los días por ir de un punto a otro es inhumano. También aterrador.  Y no se trata de un problema que incumba solo a los pasajeros de las unidades colectivas. Esto debe importarle a la sociedad entera. A usted y a mí. A su vecino. Al presidente. Al diputado. A cualquiera. Porque en esta arbitrariedad despiadada, todos podemos ser víctimas.

20 de mayo de 2016, 10:05

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