Por qué el MP y CICIG deben seguir con el caso #CooptaciónEstadoGT

Thelma Aldana e Iván Velásquez sacaron a luz la magnitud del sistema corrupto imperante en Guatemala. (Foto: Wilder López/Soy502)

Thelma Aldana e Iván Velásquez sacaron a luz la magnitud del sistema corrupto imperante en Guatemala. (Foto: Wilder López/Soy502)

Hay que tener cuidado con lo que uno desea, reza el dicho, porque a veces se cumple.

Hace un año, en plena campaña electoral, muchos guatemaltecos clamaban por que el Ministerio Público (MP) y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) revelaran las trampas del financiamiento ilícito de los partidos políticos.

Entonces subyacía el deseo, a veces inconfeso, a veces manifiesto, de que surgieran acusaciones contundentes y letales, que liquidaran candidaturas y hundieran a algunos partidos para siempre.

Los señalamientos concretos llegaron casi un año después de que la CICIG presentara un informe sobre los mecanismos utilizados para financiar a los partidos. El proceso, conocido como #CooptaciónEstadoGT, refleja un entramado de relaciones perversas entre políticos, instituciones estatales y empresarios.

A pesar de que el caso solo concierne a un partido y a una de sus tres estructuras de recaudación de fondos, fue descrito como un "tsunami" por la magnitud de sus revelaciones.

Paradójicamente, ahora que está en marcha ese ansiado proceso, que abarca a políticos y empresarios, al más alto nivel, se empiezan a elevar voces para "pedir pelo".

Si en 2015 el caso de #LaLínea fue recibido con júbilo, hoy la reacción es distinta: hay miedo. Y entre más encopetadas sean las personas que comentan la actualidad, mayor es el miedo percibido. 

“¿Acaso van a dejar algo parado?”, “el país va a sucumbir”, "esto es pánico financiero", son algunas de las opiniones repetidas.

Razones para estar preocupados por las acusaciones surgidas del caso #CooptaciónEstadoGT, desde luego, las hay. 

Por ejemplo, resulta obvio que había una parte de la economía de Guatemala cuyo motor era la corrupción. Es previsible que haya efectos económicos a partir de los procesos iniciados, pero la pregunta es cuál será su auténtica dimensión.

No se puede soslayar que hay mucha incertidumbre en el ambiente y que ello afectará la marcha y las inversiones de algunas entidades empresariales.

Además, existe otro tipo de inquietud, derivada de la cercanía social. Si las investigaciones de MP y CICIG alcanzan a personajes emblemáticos del sector privado, personas que antes se consideraban intocables, significa que la ley puede tocar a cualquiera.

Y eso resulta preocupante en una sociedad como la guatemalteca, donde las “reglas” torcidas eran toleradas y aceptadas, donde "el chanchullo" era la norma, tanto para los trámites burocráticos sencillos, como para el establecimiento de las prioridades del Estado.

Lo arraigado de ese sistema, lo generalizado y profundo, es quizá la razón más poderosa por la que el MP y CICIG no pueden detenerse ahora

Por primera vez en la historia, esta sociedad está obligada a verse en el espejo y a reconocer sus fallas.

En los últimos 30 años, hubo muchas denuncias públicas de actos de corrupción, pero los escándalos pasaban sin consecuencias reales. Ningún negocio se anuló y a nadie le quitaron un centavo por las tropelías cometidas. 

Esa impunidad, acompañada de ruido mediático, lejos de amendrentar a los corruptos, los animó: les dio la certeza de que podían delinquir al más alto nivel sin más costo que un eventual periodicazo.

Ahora que el MP y CICIG han comenzado a mostrar con nombres, apellidos, redes de empresas y movimientos de dinero hasta dónde caló la corrupción, resulta imposible fingir que no escuchamos, no vemos y no entendemos. Si queremos pensar que somos decentes, no podemos seguir ignorando lo evidente: debemos exigir que la ley se aplique con rigor y sin excepciones.

La justicia debe operar con sus garantías, eso nadie lo discute.

Pero resulta impensable que este sistema de codicia y corrupción prevalezca, ahora que ya vimos al monstruo y conocemos parte de su morfología, su habitat y su ecosistema.

Si como parecen pedir algunos, los delitos cometidos se permiten y se olvidan, si se dejan pasar y seguimos como si nada, las mafias saldrán fortalecidas, se unirán, modificarán las reglas a su favor, encontrarán formas más sofisticadas y discretas para delinquir y afianzarse, y los abusos y el saqueo simplemente serán peores.

En esa conferencia de más de tres horas donde el MP y CICIG explicaron el caso #CooptaciónEstadoGT, quemaron las naves.

Muchas veces discutimos en términos abstractos y etéreos si Guatemala es o no un Estado fallido... Ahora sabemos que tal vez es bizantino debatir si hemos llegado o no a esa categoría, porque tenemos a la vista cómo funciona el sistema que nos llevó a la ruina política y social. Algo hay que hacer para evitar que nos siga devorando. 

Nos espera a los guatemaltecos un trabajo enorme. La vía judicial es solo una parte: la que establece sanciones individualizadas. Pero lo que realmente hace falta es pensar en la reconstrucción política e institucional del país.

Más allá de los juicios iniciado y los que faltan, ese proceso de reconfiguración está a la vuelta de la esquina. Habrá que persuadir a una sociedad diversa con ideas claras y con liderazgos legítimos y creíbles.

Ojalá sepamos entender que en nuestras manos está sucumbir como sociedad o construir un camino viable, que ofrezca condiciones de justicia y prosperidad para todos.

 

14 de junio de 2016, 07:06

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