El muro ilógico y otras "brillantes" ideas de Trump

Muro fronterizo entre México y Estados Unidos ubicado en Tijuana. (Foto: Jair Cabrera Torres/ AztlanPhoto)

Muro fronterizo entre México y Estados Unidos ubicado en Tijuana. (Foto: Jair Cabrera Torres/ AztlanPhoto)

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió arrancar su administración con truenos y relámpagos. Bolígrafo en mano, hizo realidad las principales promesas (o amenazas, según el cristal con que se mire) hechas durante la agria campaña electoral en su país, firmando una serie de órdenes ejecutivas dirigidas a complacer a sus electores. Nada de unificar al dividido pueblo estadounidense o extender una rama de olivo a sus detractores. Nada de aplicar políticas de buen vecino y reducir los justificados temores que los países en la frontera sur tenían desde que lanzó su candidatura, despotricando contra los mexicanos “delincuentes y violadores” que arrebatan los puestos de trabajo que los estadounidenses necesitan, al parecer, con desesperación (menos mal que los índices de desempleo registran una baja histórica, mérito de Barack Obama que posiblemente capitalice el magnate neoyorquino).

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A los inmigrantes hay que ponerles freno, según Trump. Y ya. A su entender, son potenciales problemas. Por ello, le urgen barreras. No caben las voces de propios y extraños que desde hace meses han presentado argumentos contra la construcción del cacareado muro. Expertos en temas migratorios recalcan que ya existen vallas, paredes y cercas donde se pueden colar. Aseguran que una nueva muralla, a un costo potencial de miles de millones de dólares, servirá de poco o de nada. ¿Imponerle impuestos a las remesas para asegurarse de que los mexicanos paguen por edificar el paredón? The Economist señalaba esta semana que ello, sin duda, abriría las puertas al mercado negro para garantizar que el dinero llegue a quien está destinado, lo cual, irónicamente, potenciaría la criminalidad que el nuevo presidente desea enfrentar. Amén de que no hay evidencias de que sean los inmigrantes quienes estén detrás de los problemas de delincuencia que enfrentan ciudades como Chicago, a los que el republicano hizo constante referencia durante su campaña.

La política del nuevo líder estadounidense desbarata los consensos internacionales alcanzados para que el planeta trabaje en forma conjunta para resolver los problemas de todos. Trump adelantó que recortará sustancialmente su apoyo a la Organización de Naciones Unidas, que aboga para que el mundo se enfoque en alcanzar 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. El décimo es “reducir la desigualdad en y entre los países”, y las estrategias para cumplirlos van en la línea de “Facilitar la migración y la movilidad ordenadas, seguras, regulares y responsables de las personas, entre otras cosas mediante la aplicación de políticas migratorias planificadas y bien gestionadas” y que “para 2030 se reduzcan a menos del 3 % los costos de transacción de las remesas de los migrantes, y así eliminar los canales de envío de estas con un costo superior al 5 %”. Así las cosas, el mundo por un lado, Trump por el otro. 

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Bienvenidos a la era de las “verdades alternativas”, en la que las cifras y los datos no parecen ser materia sustantiva para enviar mensajes a la opinión pública, o base para sustentar políticas públicas. La inmigración es mala, el cambio climático no existe, la comunidad hispana no importa y, por tanto, se elimina del portal de la Casa Blanca el apartado en “español”. A la toma de posesión de Donald Trump llegó “la mayor cantidad de gente de la historia”, y punto. Nada que ver las imágenes comparativas con la asunción de Barack Obama, nueve años antes. “Hubo más personas siguiéndola por televisión e Internet”, se justificó el flamante vocero de La Casa Blanca, Sean Spicer, quien desestimó, de tajo, los índices de audiencia elaborados por la empresa Nielsen. En Estados Unidos el fraude electoral es una práctica común, hasta el punto que le arrebató a Trump los casi tres millones de votos que no le permitieron alzarse, también, con el voto popular y hay que destinar recursos para llegar al fondo del asunto. ¿Denuncias concretas? Una: la de una electora que votó por el candidato republicano dos veces. 

Trump no lleva ni 15 días en el poder y ya cortó las vías de comunicación con el Gobierno de México e inspiró a un millón de mujeres a protestar en su contra. Se auguran largas batallas judiciales para detener algunas de las órdenes ejecutivas ya firmadas. Se perfilan enfrentamientos en el Congreso para encontrarle financiamiento a ciertas políticas decretadas. Estas son las vísperas, pero nadie puede dar certezas hoy de que, cuando la polvareda se asiente, el mundo que visualiza el estadounidense sea realidad. Habrá resistencia. Yo confío en que a pesar de los truenos y los relámpagos, llegará la calma y prevalecerá el sentido común en más de algún tema. Los migrantes no son criminales. La gente decente lo sabe.

 

26 de enero de 2017, 17:01

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