¡El nepotismo es corrupción!

El hijo del alcalde capitalino, Roberto Arzú, también conocido como "Junior", ha sido acusado de nepotismo a lo largo de su vida. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)

El hijo del alcalde capitalino, Roberto Arzú, también conocido como "Junior", ha sido acusado de nepotismo a lo largo de su vida. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)

El nepotismo —favorecer a familiares o amigos con trabajos en el Estado sin importar el mérito— está a la orden del día. 

Hay quienes dirán que si uno no es quien juramenta a sus parientes en puestos públicos, entonces no existe el nepotismo.

Sin embargo, para que haya nepotismo basta con que un funcionario público “sugiera” a sus familiares para ocupar cargos en el Estado. De hecho, según reportan los medios de comunicación, así es como hicieron Otto Perez, Roxana Baldetti y otros funcionarios del gobierno anterior para conseguirle puestos a sus allegados en el Ministerio de Salud.  

¿Y qué tiene de malo favorecer a los parientes si uno es funcionario público? Después de todo el nepotismo es una práctica tan normal en nuestra sociedad. ¿O habrá alguien que no sepa de gente que haya conseguido trabajo por "cuello"? 

Desde un punto de vista legal, el nepotismo en el sector público es una forma de corrupción y por lo tanto está mal, porque viola el Artículo 35 de la Ley Contra la Corrupción.

El nepotismo no solo está mal porque es ilegal sino porque no es moral: porque va en contra de los valores de servicio público que forman parte de la ética del gobierno. 

El nepotismo interfiere con la imparcialidad —uno de los valores que deben guiar las acciones de los servidores públicos. Cuando un funcionario público favorece a un familiar con un puesto público aun sin contar este con las habilidades y experiencia para desempeñarlo, le está dando una ventaja indebida —una ventaja que no merece. Y al hacerlo está interfiriendo también con los principios de mérito y capacidad que deben regir el reclutamiento, selección, contratación y promoción de los empleados públicos. 

Como consecuencia de lo anterior, el nepotismo termina por socavar el bien común. Esto debido a que es muy probable que alguien que accede a un cargo público por "tener cuello", y no por su mérito y capacidad, no de resultados al momento de realizar sus funciones.  

Los gobernantes no deben recurrir al nepotismo; no deben valerse de sus cargos para favorecer a sus parientes o amigos. Los gobernantes están para servir al pueblo y deben velar por que las instituciones del Estado cuenten con gente capaz para así garantizar una gestión pública eficaz y eficiente que contribuya a lograr el bien común.

Entonces, dejémonos de cuentos: no es correcto ocupar puestos públicos obtenidos por "cuello". No lo es porque el nepotismo es corrupción y va en contra de los valores de la ética del gobierno.

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06 de octubre de 2017, 05:10

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