Ni corrupto ni ladrón

El triunfo de Jimmy Morales fue inesperado. (Foto: Luis Barrios/Soy502).

El triunfo de Jimmy Morales fue inesperado. (Foto: Luis Barrios/Soy502).

El presidente electo, Jimmy Morales, ha pasado los últimos días afinando la lista de sus 14 ministros.

Le ha costado más de lo que él mismo anticipó. Fue electo por ser un “extraño” en la política, y por lo mismo, carecía de cuadros. Y los pocos que tenía sufrieron un duro golpe luego de que el Ministerio Público solicitara antejuicio contra el militar retirado que dirigió su campaña, Edgar Justino Ovalle. 

Pese a ello, el presidente logró sortear los obstáculos y reunió a un grupo heterógeneo en experiencia, que deberá aprender a convertirse en equipo sobre la marcha, para acuerparlo en el desafío enorme de hacer gobierno. La suerte está echada y a estas alturas, se mide en semanas o meses, pues la incertidumbre forma parte importante de las actuales circunstancias.

Quizá por ello, vale la pena recordar cómo llegamos a este punto. Hace un año, los retos que hubiéramos imaginado para este momento eran completamente distintos.

Creíamos que era inevitable que el 14 de enero tomara posesión el candidato de la corbata roja, quien tenía una idea clara y precisa de lo que buscaba hacer al llegar al poder. Él iba fijo a lo suyo y a muchos de nosotros nos asustaba esa perspectiva. 

El escenario que dábamos por hecho no se materializó y Morales fue electo gracias a un ofrecimiento muy simple: “ni corrupto ni ladrón”.

Los demás mandatarios han llegado con abundantes y complejas promesas. Morales no: se comprometió a no robar y no servirse del poder.

En un país donde todo el sistema está construido para hacer justamente eso -–abusar-- cumplir no será fácil. Pero si el presidente muestra voluntad para lograrlo, la sociedad entera lo acuerpará.  De eso puede estar seguro.

Desde el 16 de abril pasado, cuando estalló el escándalo de la Línea, los guatemaltecos concluimos que quizá lo único en lo que podemos ponernos de acuerdo por ahora, es en eso: la necesidad impostergable de recuperar la decencia en la gestión pública.

Eso es lo que se le pide al Presidente Morales: honestidad. Si así lo hiciere, la Patria lo premie. De lo contrario, la historia y el pueblo de Guatemala se lo exijan y demanden.

 

14 de enero de 2016, 11:01

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