No acepto su explicación, señor viceministro

El viceministro de Educación, José Moreno (último en la fila), expresó criterios que enviaban mensajes machistas, sexistas y discriminatorios. (Foto: AGN)

El viceministro de Educación, José Moreno (último en la fila), expresó criterios que enviaban mensajes machistas, sexistas y discriminatorios. (Foto: AGN)

¿Cuándo entenderemos el peso que tienen las palabras? En este país, el círculo parece repetirse de esta manera: los funcionarios se expresan y, si la reacción es adversa, vienen las excusas. Que si “me sacaron de contexto”. O el trillado “no quise decirlo así”. “El mensaje central se tergiversó”, etcétera.

La ex vicepresidenta nos tenía acostumbrados a constantes despropósitos verbales. Esas “joyas” que hasta se presentaron en paquete (las #FrasesTipoBaldetti) pasaron a la historia. El vicepresidente Jafeth Cabrera se estrenó en el cargo acompañado de polémicas declaraciones vinculadas con el consumo de medicinas vencidas. Semanas después se disculpó explicando que su respuesta, en la línea de “yo las receto y las he tomado”, se debía a una excesiva presión por parte de los periodistas. Y ahora, al listado se suma José Moreno, viceministro de Diseño y Verificación de la Calidad Educativa.

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Esta semana, mientras pronunciaba un discurso en el colegio Benito Juárez, internautas compartían parte de lo que decía en su charla. Reproduzco algunas de las frases que se han vuelto más célebres: “Para los hombres: ¿Usted dejaría a su esposa con un ginecólogo tatuado de pelo largo?” (SIC.) Otra: “Uno tiene que saber de historia porque su hijo podría estar sentado junto al hijo de un exguerrillero”. Y mi favorita: “Enséñele a su hijo a cocinar, lavar ropa, lavar baños, porque no sabe si se va a quedar soltero”.

Mi primera reacción fue quedarme atónita. La segunda, preguntarle a conocidos si no podían referirme a un ginecólogo tatuado de pelo largo para de inmediato pedirle consulta y darle así un voto de confianza. Con la historia de los hijos de los exguerrilleros aún no atino cómo responder. Y con la última de “las perlas”, hago propias las palabras del artista y columnista Juan Pensamiento Velasco que lo dice mucho mejor que yo: “Reitera la noción de que si el hijo no se queda soltero, estas tareas pasan automáticamente a cargo de la cónyuge, porque claro, eso le toca a las mujercitas”. No es por responsabilidad ni autosuficiencia, sino porque “qué otra”.

Entre las múltiples reacciones que ha despertado esta noticia, resalto las de algunos internautas que se confiesan sus alumnos. Ellos aseguran que el licenciado Moreno es un brillante académico y piden escuchar el discurso completo para no quedarse solo en lo superficial. Les respondo: nada de lo que dijo el flamante funcionario fue tergiversado. Las palabras están ahí, grabadas en YouTube. Por otra parte, todo discurso que se dicte desde el ámbito político se estudia a partir de frases aisladas. Así se juega el juego. La gestión de Churchill se examina a partir de lo de “sangre, sudor y lágrimas”. A Keneddy se le recuerda por “no preguntes que puede hacer tu país por ti…”. Dos de centenares de ejemplos. Las disertaciones públicas no son sino una serie de oraciones que la opinión pública y la audiencia tienen el derecho, y la obligación, de escudriñar hasta la médula. Y la responsabilidad de quien las dice es tener clara esta realidad.

El viceministro de Educación, por medio de un comunicado, ha presentado una "aclaración". En ésta asegura que, en su comparecencia en el mencionado colegio, lo que pretendía era fomentar valores y disciplina. Y que, como disciplina e higiene vienen de la mano, de ahí la referencia a los peludos con tatuajes.

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Pero en el texto, divulgado por Twitter, no se refiere a lo que dijo respecto de los hijos de los ex guerrilleros ni tampoco a esto de que los hombrecitos tienen que aprender a lavar y planchar por si no logran casarse. El jefe de la cartera, Oscar Hugo López, no ha dicho una sola palabra sobre el asunto, como si la cosa no fuera con él, y no fuese Moreno su subalterno directo. Estas frases, y lo que implican, corren el riesgo de sumarse al anecdotario local, sin que haya mayores consecuencias. Pero yo ya estoy cansada de estar dándole el “beneficio de la duda” a quienes les pagamos el sueldo. Un funcionario nos habla a todos cada vez que está frente a un micrófono. Un viceministro, de la cartera que fuere, no debe ni puede pronunciar discursos en los que subyazcan la discriminación, el machismo o el sexismo. Quienes lo critican no están leyendo entre líneas ni opinan de manera "mal intencionada", como asegura el señor Moreno. Yo no acepto sus explicaciones. 

18 de febrero de 2016, 20:02

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