Por qué no es tan malo que los diputados hayan atrancado las reformas

Los diputados se encargaron de entrampar las reformas constitucionales. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)

Los diputados se encargaron de entrampar las reformas constitucionales. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)

Ante todo, una aclaración: yo estoy convencida de que la Constitución necesita modificaciones. Varias, no solo las del sector Justicia, que son las más urgentes, pero no las únicas.

Si las reformas que ahora están detenidas en el Congreso fueran llevadas a un referéndum, yo votaría por el “Sí”. En 1999, cuando se propuso reformar la Carta Magna para dar cumplimiento a los Acuerdos de Paz, también escribí a favor del “Sí”.

Ahora bien, el espectáculo que dieron los diputados al estancar el proceso de reformas hasta el año que viene, sobre todo al patalear para conservar su garantía de impunidad, bajo la mirada indignada de la Fiscal General, Thelma Aldana, y del titular de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, CICIG, Iván Velásquez, me dio vergüenza ajena, pero no me sorprendió un pelo.

La Fiscal General, el jefe de la CICIG y el Procurador de los Derechos Humanos, observan desde el palco la discusión. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)
La Fiscal General, el jefe de la CICIG y el Procurador de los Derechos Humanos, observan desde el palco la discusión. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)

Tampoco me pareció el peor escenario posible en este proceso.

Me explico.

No sé si algunos de ustedes todavía piensan que Guatemala es un paraíso democrático donde cantamos Cumbayá agarrados de la mano desde que cayó el gobierno del Partido Patriota. Noticias, amigos: no lo es.

Desde que las reformas se comenzaron a discutir, me pareció que incluir el tema del pluralismo jurídico era ponerle una lápida al proceso. No porque yo en lo personal crea que sea inconveniente. ¿Cómo, si es el sistema que ha funcionado por décadas y siglos en el país?

De lo que sí estaba convencida, es de que la rendija para discutir reformas puntuales a la Carta Magna es mínima, y hacer pasar ese punto, el del pluralismo jurídico, tenía toda la capacidad para llevar a un punto muerto la discusión y luego para azuzar una eventual campaña por el "No" con las llamas del miedo y los prejuicios.

El acto que presidió Jimmy Morales para la entrega de la propuesta de reformas, fue solo un show. (Foto: Archivo/Soy502)
El acto que presidió Jimmy Morales para la entrega de la propuesta de reformas, fue solo un show. (Foto: Archivo/Soy502)

En esa línea de pensamiento, el peor escenario posible era que las reformas constitucionales pasaran con vaselina en el Congreso, solo para ser derrotadas después en las urnas.

Si los diputados fueran un poco más maquiavélicos, no trogloditas primerizos, eso es lo que hubiera pasado. Hubieran votado que sí, le hubieran lanzado besos al palco a la Fiscal General y al Comisionado, solo para dar media vuelta y trabajar denodadamente en cada distrito electoral por el “No”.

El mensaje de esa eventual derrota hubiera sido mucho más rotundo y frustrante que lo ocurrido en el hemiciclo.

Al final, los diputados le pintaron una mancha más al tigre del Congreso. Son tan faltos de pudor y vergüenza, que lo primero que tacharon de la propuesta fue el artículo referente al antejuicio.

Con esto confirmaron que su principal interés es procurarse impunidad: para ellos y sus representados en el Mariscal Zavala y otras cárceles VIP.

Ahora bien, los que hoy celebran esta maniobra parlamentaria para entrampar las reformas y para plantarse en pie de guerra ante el MP y la CICIG, no deberían engañarse. 

Autoridades indígenas ancestrales estuvieron presentes en el Congreso, mientras se discutían las reformas. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)
Autoridades indígenas ancestrales estuvieron presentes en el Congreso, mientras se discutían las reformas. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)

Guatemala es un país con una importante población indígena. Las reformas relativas a los pueblos mayas ya fueron denegadas en 1999. Persistir en esta actitud, es volver a cometer los errores de la Constitución de 1965, cuando los anticomunistas celebraron con bombos y platillos la aprobación de una Carta Magna que prohibía una ideología completa.

Varios analistas e historiadores coinciden en que esa veda constitucional fue una aberración jurídica y un error histórico. Con esa disposición, se empujó a muchas personas a la clandestinidad y a la ilegalidad. Al negarle a estas personas sus más elementales derechos políticos, se cerraron a la vez los caminos legales para el disenso y se empujó a los marginados a un solo camino: el de la fuerza. 

Ese constante negarse a reconocer a la Guatemala indígena no puede perdurar. La arrogancia que se emplea en contenerla, encontrará más temprano que tarde una refutación política.

Cuando eso suceda… de qué va a servir que les recuerde ¡se los dije!

Son muchas las repúblicas democráticas y modernas que han logrado conciliar este tipo de diferencias. Nosotros nos empeñamos en no intentarlo. Veremos hasta dónde es posible sostenerlo, pero mis augurios no son buenos.

02 de diciembre de 2016, 08:12

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