Ocurrencias de chicos

Un grupo de pequeños celebra el Día del Niño en Guatemala. (Foto Soy502).

Un grupo de pequeños celebra el Día del Niño en Guatemala. (Foto Soy502).

Los niños tienen ocurrencias geniales que nos hacen reír o nos muestran la esencia de las cosas, con una profundidad que ya quisieran muchos filósofos.

Este octubre, quiero compartir con ustedes algunas anécdotas de amigos y colegas que seguramente les harán pasar un buen rato.

El regalo

Ivana, de seis años, llega a ver a su tío Rodrigo el día de Nochebuena, más temprano de lo previsto. "Princesa, tengo tu regalo pero no lo he empacado. ¿No importa si te lo doy así?", pregunta el tío. La niña, indignada, responde sin piedad: "Claro que importa". 

El pobre tío corre entonces a su habitación, empaca el obsequio como puede y baja a entregarlo. Ivana arranca la moña de un jalón y rompe el papel. Luego abraza al tío y le dice, viéndolo a los ojos, con el tono más amoroso que puede: "¿Viste que sí importa? Si no lo hubieras envuelto serían solo unos guantes. No hubiera sido un regalo".

El gusano

Gerardo, de unos cuatro años, está jugando en el patio bajo la mirada protectora de su hermano, unos 14 años mayor.

Gerardo: Vos, ¿los gusanos tienen cola?

Hermano (sin pensarlo mucho): Sí.

Gerardo: ¿Y dónde la tienen?

Hermano (sin querer admitir que no tiene idea): La cola de los gusanos está en el sentido contrario a la dirección en que veás que caminan.

Gerardo: Aaaah... Pobres, porque entonces ¿quiere decir que no pueden caminar para atrás?

El hermano (dándole un carrito a Gerardo): ¿No querés jugar con esto vos?

El juguete

Santiago, de cinco años, suele perder de vista sus juguetes preferidos. Cuando no los encuentra, recurre a su papá. "Papa, papa, ¿has visto mi pelota?, ¿has visto mi avión?". El padre, intentando fomentar la autonomía en el niño, le responde: "No Santi, ¿acaso son mis juguetes pues?".

Una tarde de estas, el padre está buscando con desesperación el control remoto del televisor en su cuarto. Mientras quita cojines y remueve las sábanas, le pregunta al niño, que lo mira, divertido. "Vos Santi, ¿has visto el control de la tele?". El niño sonríe y le responde, triunfante: "No papa, ¿acaso es mi juguete?"

El problema de Dios

Cuenta una amiga de la familia que esta nena tiene un conflicto existencial: padre ateo y madre creyente. Se van de vacaciones y antes de subir al avión la niña encara a los padres: "Ahora sí, cuando subamos al cielo, ¿voy a ver a Dios?". El padre le tira la brasa a su pareja: "A ver cómo sale tu madre de esta".

La abuela lleva a Dani a misa. Al volver, el padre, que no es precisamente amigo de las religiones, le pregunta al pequeño cómo le fue, si le gustó la ceremonia. "Sí", responde el chiquito, "sólo me dió un poquititito de miedo el mago".

Nathalie, la subversiva

Llega la mamá del trabajo y empieza a regañar a sus hijos pequeños al descubrir la travesura del día. Los niños se le quedan viendo, con gesto compungido. Entonces toma la palabra Nathalie, de cuatro años: "Si no querías niños, mejor no los hubieras pedido".

Nathalie está jugando con su hermano de dos años. De pronto la cosa se pone ruda y el chiquito le pega. La niña pone el grito en el cielo: "Mama, hay que devolver a este, pega muy duro".

El romántico

Va la familia en auto por el boulevard Vista Hermosa y pasan frente a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Ocurre entonces este diálogo:

Santi: Papi, cuando sea grande, me quiero casar ahí.

Papá: ¿Se puede saber por qué?

Santi: Tiene un ángel de oro.

Papá: Creo que no vas a poder porque nosotros somos católicos y esa iglesia es mormona.

Santi: ¡Papa, mormonas son las cosas que tenemos en nuestro cuerpo!

Papá: (Risas) No, mijo, esas son hor-mo-nas.

Eddie, el optimista

La mamá lleva a su hijo Eddie al karate todas las tardes, pero nunca se queda. El día que hay combates, la mujer se organiza para no faltar a las justas que tienen ilusionado al niño. Cuando llega el turno de Eddie, la madre extrañada mira cómo el niño, un entusiasta del deporte, rehúye a sus oponentes, caminando siempre hacia atrás y evitando las peleas, que pierde una tras otra. Al salir del gimnasio, la pobre mujer piensa que recibirá a un niño desconsolado. Pero Eddie se le lanza a los brazos, sonriente. "Mami, mami, ¿viste que nunca me salí del círculo?".

El mango y los buenos modales

En la mesa hay un plato de mango.

Papá: Dani, ¿quieres mango?

Dani: No.

Carmen: Se dice 'no gracias', Dani.

Dani: No gracias.

Papá: De nada. Carmen, ¿quiere mango?

Carmen: No, quiero...

Dani: Carmen, se dice 'no gracias'.

(Risas de todos, salvo de Dani, que observa la escena, impávido)

Papá, retomando la conversación: ¿Entonces, Carmen?

Carmen: No gracias, quiero la pepa.

Dani: Así se dice Carmen.

El papá solícito (otra de Dani)

Transcribo tal cual me lo contaron:

Dani, impaciente por que le deje hacer lo que quiere, le dice con ternura a su padre

-Papiiii

- ¿Qué, hijo?

El niño, tierno:

- Paaaaapiiii

El padre insiste:

-¿Qué hijo?

El niño, entre neutro e implorante:

-Quiero que te vayas ahorita.

 

 

10 de octubre de 2016, 08:10

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